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¿Qué iba a anunciar Juan Pablo II el día de su atentado, hace 35 años?

Atentado Juan Pablo II

Este viernes, día 13, se cumplen 35 años del atentado que sufrió San Juan Pablo IIen la Plaza de San Pedro, cuando saludaba a los fieles y se dirigía a la Audiencia.

Era 1981, no nos enterábamos de las noticias por Internet. La confusión era  enorme, en especial los días siguientes, en los que su vida pendía de un hilo. A los que vivimos aquello, yo era muy jovencito, se nos quedó grabado que el amor al Papa no tenía tanto que ver con la papolatría o la papología como con el cariño, cariño filial, fuerte y sobrenatural.

Pero ese hilo era muy resistente, estaba sujetado por Nuestra Madre, Nuestra Señora de Fátima, como Juan Pablo II reconoció en más de una ocasión. El entonces Cardenal Ratzinger lo confirmaba en la explicación sobre el «Tercer Secreto de Fátima»:

¿No podía el Santo Padre, cuando después del atentado del 13 de mayo de 1981 se hizo llevar el texto de la tercera parte del «secreto», reconocer en él su propio destino?  Había estado muy cerca de las puertas de la muerte y él mismo explicó el haberse salvado, con las siguientes palabras: « …fue una mano materna a guiar la trayectoria de la bala y el Papa agonizante se paró en el umbral de la muerte » (13 de mayo de 1994).

De aquella «Audiencia», que no llegó a celebrarse, sí se guarda el texto del discurso que iba a pronunciar, una bella conmemoración del 90 aniversario de la publicación de la Encíclica «Rerum Novarum» y una alocución con un anuncio importante sobre la familia y la vida. Impresiona la narración «oficial» en L’Osservatore Romano, ed. en español, 17 de mayo de 1981, página 287:

La audiencia general del miércoles 13 de mayo pasa a la historia por el triste episodio del sacrílego atentado contra el Papa, sobre el que referimos en la pág. 1. En realidad la audiencia no llegó a celebrarse. A las 5 de la tarde, la plaza de San Pedro estaba inundada de fieles: de 30 a 40 mil romanos y peregrinos. Entre ellos estaban los siguientes grupos de habla hispana: religiosas del Instituto de Hijas de María; religiosas de las Escuelas Pías, que toman parte en su IV conferencia general; el consejo general y las provinciales de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús; peregrinos de México, Guatemala, Bolivia y Argentina; y la peregrinación de la catedral de Castelló de Ampurias (Gerona), así como un grupo de matrimonios españoles. El Papa entró en la plaza en su “jeep” blanco y pasó, como siempre, junto a las vallas saludando a los presentes. Apenas había terminado de dar la primera vuelta, cuando sucedió el atentado. La inmensa multitud quedó atónita y sumida en la más profunda consternación. La única reacción común fue la plegaria. Los altavoces explicaron lo acaecido y la inmensa asamblea comenzó a rezar… La voz del Vicario de Cristo no llegó a oírse. Juan Pablo II tenía preparados sus discursos. […]

Publicamos estos textos que, aunque no han sido leídos, pasan a formar parte de las “enseñanzas pontificias” con un carácter especial por las circunstancias en que no fueron pronunciados.

El anuncio era nada más y nada menos que la primera decisión tomada a raíz del Sínodo sobre la Familia, la creación del «Pontificio Consejo para la Familia» (en Motu proprio firmado unos días antes) y del «Instituto internacional de Estudios sobre matrimonio y familia», el luego llamado «Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el Matrimonio y la Familia» en la Universidad de la diócesis del Papa, la Lateranense:

Deseo anunciaros ahora que con el fin de responder adecuadamente a las expectativas sobre problemas concernientes a la familia, expresadas por el Episcopado del mundo entero, sobre todo con ocasión del último Sínodo de los Obispos, he considerado oportuno instituir el “Pontificio Consejo para la Familia” que sustituirá al Comité para la Familia que, como es sabido, dependía del Pontificio Consejo para los Laicos.

A este nuevo organismo —que estará presidido por un cardenal coadyuvado por un consejo de presidencia formado por obispos de distintas partes del mundo— corresponderá promover la pastoral de la familia y el apostolado específico en el campo familiar, aplicando las enseñanzas y orientaciones impartidas por las instancias competentes del Magisterio eclesiástico, para que se ayude a las familias cristianas a cumplir la misión educativa, evangelizadora y apostólica a que están llamadas.

Además he decidido fundar en la Pontificia Universidad Lateranense, que es la Universidad de la diócesis del Papa, un ‘’Instituto internacional de Estudios sobre matrimonio y familia” que comenzará su actividad académica el próximo octubre. Dicho instituto se propone prestar a toda la Iglesia la aportación de la reflexión teológica y pastoral sin la que la misión evangelizadora de la Iglesia se vería privada de una ayuda esencial. Será un lugar donde la verdad sobre el matrimonio y la familia se estudien a fondo a la luz de la fe y con la contribución también de las distintas ciencias humanas.

Pido a todos que acompañen con la oración estas dos iniciativas que quieren ser un signo más de la solicitud y estima de la Iglesia hacia la institución matrimonial y familiar, y de la importancia que ésta le atribuye en orden a su propia vida y a la vida de la sociedad.

Los frutos de ambas instituciones son evidentes. Y cualquiera con un mínimo de experiencia en gestión sabe que la estructura responde a las prioridades. No sólo en grandes empresas o ministerios. En cualquier familia al niño enfermo, si hace falta, se le cambia de cama o de cuarto para poder vigilarle de cerca, para poder saber qué fiebre tiene a cualquier hora de la noche o poder suministrarle la medicina que prescribió el médico, aunque no le apetezca o le sepa mal, aunque no sea consciente de que sabe a fresa y es necesaria para que se ponga bueno.

En un hospital, sea de campaña o no, la unidad de cuidados o de vigilancia, está situada de modo que sea sencillo el acceso a todos los especialistas y equipos.

Por eso me da pena que la primera decisión del Sínodo de la Familia del 2015, sin que todavía hubiese concluido, fuese precisamente la dilución en un mega-dicasterio:

crear un nuevo dicasterio con competencia para los Laicos, Familia y Vida, que reemplazará al Consejo Pontificio para los Laicos y el Consejo Pontificio para la Familia, al que estará vinculada la Academia Pontificia para la Vida. Con este fin, he constituido una comisión especial que preparará un texto delineando canónicamente las competencias del nuevo dicasterio. El texto será presentado para su discusión en el Consejo de Cardenales en su próxima reunión en diciembre

Del mismo modo que fue una lástima, que ayuda a explicar acontecimientos posteriores, que nadie del «Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el Matrimonio y la Familia» fuese llamado a la fase extraordinaria del Sínodo, ni por la Secretaría, ni por el Santo Padre.

El papa santo sobrevivió. Su médico, Rodolfo Proetti contaba en 2008:

¿Por qué se salvó del atentado? Si por nosotros los médicos o por otros medios. No lo sabré nunca. Lo que sí sé es que Juan Pablo II recuperó casi perfectamente su forma física. Recuerdo que siempre nos decía a los médicos: Me fío de vuestra competencia y de la Divina Providencia, o sea, que se fiaba, pero con reservas.

El Consejo y el Instituto comenzaron a rodar. En noviembre de 1981 el Papa nos regaló la «Familiaris Consortio»; a los pocos meses, al cumplirse un año del atentado, realizaba un viaje apostólico –y de acción de gracias– a Fátima.

El año pasado el Cardenal Caffarra, a quien Juan Pablo II encargó poner en marcha estas iniciativas desvelaba el contenido de la carta que le envió Sor Lucia y que se encuentra en el archivo del Instituto:

Al inicio de este trabajo –cuenta el Cardenal– escribí a sor Lucía de Fátima, a través del obispo, porque directamente no se podía hacer. Inexplicablemente, aunque no esperaba una respuesta, porque le pedía sólo oraciones, me llegó a los pocos días una larguísima carta autógrafa, que hoy está en los archivos del Instituto.

En esa carta de Sor Lucía está escrito que el enfrentamiento final entre el Señor y el reino de Satanás será sobre la familia y sobre el matrimonio.

No tenga miedo, añadía, porque quien trabaje por la santidad del matrimonio y de la familia será siempre combatido y odiado de todas formas, porque este es el punto decisivo.

Pero el panorama siempre es esperanzador, como Juan Pablo II, lo afrontamos abandonados en la Divina Providencia, al cuidado de los que competentemente tienen que actuar y con las palabras reconfortantes del Cardenal Ratzinger en la explicación del Tercer secreto:

Que una «mano materna» haya desviado la bala mortal muestra sólo una vez más que no existe un destino inmutable, que la fe y la oración son poderosas, que pueden influir en la historia y, que al final, la oración es más fuerte que las balas, la fe más potente que las divisiones.

 

VIDEO: El conmovedor momento en que una niña invidente conoce al Papa Francisco

VATICANO, 05 May. 16 / 11:08 am (ACI).- Ni los miembros del equipo de seguridad del Vaticano pudieron evitar las lágrimas. Ayer, antes de presidir la Audiencia General de los Miércoles, el Papa Francisco detuvo el papamóvil para saludar a una niña invidente y el momento conmovió a todos.

La menor fue llevada en brazos hasta el Pontífice y pudo tocar el rostro del Papa para conocerlo.

El breve pero intenso momento fue capturado por las cámaras del Centro Televisivo Vaticano y el fotógrafo Daniel Ibáñez de ACI Prensa. Las caricias de la niña conmovieron al Pontífice.

En su catequesis de ayer, el Papa reflexionó sobre la parábola del Buen Pastor.

“Dios no conoce nuestra actual cultura del descarte, en Dios esto no cabe. Dios no descarta a ninguna persona; Dios ama a todos, busca a todos… ¡Todos! Uno por uno. Él no conoce esta palabra ‘descartar a la gente’, porque es todo amor y toda misericordia”, aseguró el Papa desde la Plaza de San Pedro.

Papa Francisco: «Ignorar el sufrimiento del hombre es ignorar a Dios»

CATEQUESIS SOBRE LA PARÁBOLA DEL BUEN SAMARITANO

La parábola del buen samaritano ha sido el centro de la catequesis del papa Francisco en la última audiencia general de este mes de abril. El Santo Padre ha asegurado que ignorar el sufrimiento del prójimo es ignorar a Dios.

(Radio Vaticano) Texto de la catequesis del papa Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy reflexionamos sobre la parábola del buen samaritano (Cfr. Lc 10,25-37). Un doctor de la Ley pone a prueba a Jesús con esta pregunta: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?» (v. 25). Jesús le pide dar a él mismo la respuesta, y él lo da perfectamente: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo» (v. 27). Jesús entonces concluye: «obra así y alcanzarás la vida» (v. 28).

Entonces aquel hombre hace otra pregunta, que se hace muy preciosa para nosotros: «¿Y quién es mi prójimo?» (v. 29), y presupone: «¿mis parientes? ¿mis connacionales? ¿Aquellos de mi misma religión?…». En fin, quiere una regla clara que le permita clasificar a los demás en «prójimo» y «no prójimo», en aquellos que pueden convertirse en prójimos y en aquellos que no pueden hacerse prójimos.

Y Jesús responde con una parábola, que pone en escena a un sacerdote, un levita y un samaritano. Los dos primeros son figuras relacionadas con el culto del templo; el tercero es un judío cismático, considerado como un extranjero, pagano e impuro, es decir el samaritano. En el camino de Jerusalén a Jericó el sacerdote y el levita se encuentran con un hombre moribundo, que los ladrones han asaltado, robado y abandonado. La Ley del Señor en situaciones símiles preveía la obligación de socorrerlo, pero ambos pasan de largo sin detenerse. Tenían prisa. El sacerdote, tal vez, ha mirado el reloj y ha dicho: «pero, llegare tarde a la Misa… Debo decir la Misa». Y el otro ha dicho: «pero, no sé si la Ley me lo permite, porque hay sangre ahí y quedare impuro…». Van por otro camino y no se acercan. Y aquí la parábola nos ofrece una primera enseñanza: no es automático que quien frecuenta la casa de Dios y conoce su misericordia sepa amar al prójimo. ¡No es automático! Tú puedes conocer toda la Biblia, tú puedes conocer todas las normas litúrgicas, tú puedes conocer toda la teología, pero del conocer no es automático el amar: el amar tiene otro camino, el amor tiene otro camino. Con inteligencia, pero con algo más… El sacerdote y el levita ven, pero ignoran; miran, pero no proveen. Ni siquiera existe un verdadero culto si ello no se traduce en servicio al prójimo. No lo olvidemos jamás: ante el sufrimiento de tanta gente agotada por el hambre, por la violencia y la injusticia, no podemos permanecer como espectadores. ¡Ignorar el sufrimiento del hombre, ¿qué cosa significa? ¡Significa ignorar a Dios! Si yo no me acerco a aquel hombre, a aquella mujer, a aquel niño, a aquel anciano o aquella anciana que sufre, no me acerco a Dios.

Pero, vayamos al centro de la parábola: el samaritano, es decir, aquel despreciado, aquel sobre quien nadie habría apostado nada, y que de todos modos también él tenía sus deberes y sus cosas por hacer, cuando vio al hombre herido, no pasó de largo como los otros dos, que estaban relacionados con el Templo, sino «lo vio y se conmovió» (v.33). Así dice el Evangelio: «Tuvo compasión», es decir, ¡el corazón, las vísceras, se han conmovido! Esta ahí la diferencia. Los otros dos «vieron», pero sus corazones permanecieron cerrados, fríos. En cambio, el corazón del samaritano era sintonizado con el corazón de Dios. De hecho, la «compasión» es una característica esencial de la misericordia de Dios. Dios tiene compasión de nosotros. ¿Qué cosa quiere decir? Sufre con nosotros, nuestros sufrimientos Él lo siente. Compasión: «compartir con». El verbo indica que las vísceras se mueven y tiemblan a la vista del mal del hombre. Y en los gestos y en las acciones del buen samaritano reconocemos el actuar misericordioso de Dios en toda la historia de la salvación. Es la misma compasión con la cual el Señor viene a encontrar a cada uno de nosotros: Él no nos ignora, conoce nuestros dolores, sabe cuánta necesidad tenemos de ayuda y consolación. Esta cerca y no nos abandona jamás. Pero podemos, cada uno de nosotros, hacernos la pregunta y responder en el corazón: «¿Yo lo creo? ¿Yo creo que el Señor tiene compasión de mí, así como soy, pecador, con tantos problemas y tantas cosas?». Pensar en esto y la respuesta es: «¡Sí!». Pero, cada uno debe mirar en el corazón si tiene la fe en esta compasión de Dios, de Dios bueno que se acerca, nos cura, nos acaricia. Y si nosotros lo rechazamos, Él espera: ¡es paciente! Siempre junto a nosotros.

El samaritano se comporta con verdadera misericordia: venda las heridas de aquel hombre, lo lleva a un albergue, lo cuida personalmente, provee a su asistencia. Todo esto nos enseña quela compasión, el amor, no es un sentimiento vago, sino significa cuidar al otro hasta pagar personalmente. Significa comprometerse cumpliendo todos los pasos necesarios para «acercarse» al otro hasta identificarse con él: «amaras a tu prójimo como a ti mismo». Este es el mandamiento del Señor.

Concluida la parábola, Jesús devuelve la pregunta al doctor de la Ley y le pide: «¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?» (v. 36). La respuesta es finalmente inequivocable: «El que tuvo compasión de él» (v. 37). Al inicio de la parábola para el sacerdote y el levita el prójimo era el moribundo; al final el prójimo es el samaritano que se ha hecho cercano. Jesús cambia la prospectiva: no clasificar a los demás para ver quién es el prójimo y quién no lo es. Tú puedes hacerte prójimo de quien se encuentra en la necesidad, y lo serás si en tu corazón tienes compasión, es decir, tienes esa capacidad de sufrir con el otro.

¡Esta parábola es un estupendo regalo para todos nosotros, y también un compromiso! A cada uno de nosotros Jesús repite lo que le dijo al doctor de la Ley: «Ve, y procede tú de la misma manera» (v. 37). Estamos todos llamados a recorrer el mismo camino del buen samaritano, que es la figura de Cristo: Jesús se inclinó hacia nosotros, se ha hecho nuestro siervo, y así nos ha salvado, para que también nosotros podamos amarnos como Él nos ha amado, del mismo modo. ¡Gracias!

 

El Papa a los jóvenes: «La libertad no es poder hacer siempre lo que se quiere»

«SI TÚ NO SABES DECIR QUE NO, NO ERES LIBRE»

Setenta mil jóvenes asistieron ayer en la Plaza de San Pedro del Vaticano a la Misa oficiada por el papa Francisco con motivo del Jubileo de los jóvenes. El Santo Padre explicó a los chavales que la libertad consiste en poder elegir el bien, aquello que agrada a Dios.

Homilía del Papa Francisco en la Misa por el Jubileo de los jóvenes:

«La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros» (Jn 13,35).

Queridos chicos y chicas: Qué gran responsabilidad nos confía hoy el Señor. Nos dice que la gente conocerá a los discípulos de Jesús por cómo se aman entre ellos. En otras palabras, el amor es el documento de identidad del cristiano, es el único «documento» válido para ser reconocidos como discípulos de Jesús. El único documento válido. Si este documento caduca y no se renueva continuamente, dejamos de ser testigos del Maestro. Entonces os pregunto: ¿Queréis acoger la invitación de Jesús para ser sus discípulos? ¿Queréis ser sus amigos fieles? El amigo verdadero de Jesús se distingue principalmente por el amor concreto, no el amor en las nubes: no. El amor concreto que resplandece en su vida. El amor es siempre concreto, ¿eh? Ese que no es concreto y habla del amor, es una telenovela, un culebrón. El amor es siempre concreto, eh? ¿Queréis vivir este amor que Él nos entrega? ¿Queréis o no queréis? Entonces, frecuentemos su escuela, que es una escuela de vida para aprender a amar. Y esto es un trabajo de todos los días, ¿eh?: aprender a amar.

Ante todo, amar es bello, es el camino para ser felices. Pero no es fácil, es desafiante, supone esfuerzo. Por ejemplo, pensemos cuando recibimos un regalo: nos hace felices, pero para preparar ese regalo las personas generosas han dedicado tiempo y dedicación y, de ese modo, regalándonos algo, nos han dado también algo de ellas mismas, algo de lo que han sabido privarse. Pensemos también al regalo que vuestros padres y animadores os han hecho, al dejaros venir a Roma para este Jubileo dedicado a vosotros. Han programado, organizado, preparado todo para vosotros, y esto les daba alegría, aun cuando hayan renunciado a un viaje para ellos. Ésta es la concreción del amor. En efecto, amar quiere decir dar, no sólo algo material, sino algo de uno mismo: el tiempo personal, la propia amistad, las capacidades personales.

Miremos al Señor, que es insuperable en generosidad. Recibimos de él muchos dones, y cada día tendríamos que darle gracias. Quisiera preguntaros: ¿Dais gracias al Señor todos los días? Aun cuando nos olvidemos, Él se acuerda de hacernos cada día un regalo especial. No es un regalo material para tener entre las manos y usar, sino un don más grande para la vida. Nos regala… ¿qué nos regala el Señor? Nos regala su amistad fiel, siempre es amigo el Señor, que no la retirará jamás. Además, si tú lo decepcionas y te alejas de Él, Jesús sigue amándote y estando contigo, creyendo en ti más de lo que tú crees en ti mismo. Ésta es la concreción del amor que nos enseña a Jesús. Y esto es muy importante. Porque la amenaza principal, que impide crecer bien, es cuando no importas a nadie, cuando te sientes marginado, es triste esto. En cambio, el Señor está siempre junto a ti y está contento de estar contigo. Como hizo con sus discípulos jóvenes, te mira a los ojos y te llama para seguirlo, para «remar mar a dentro» y «echar las redes» confiando en su palabra; es decir, poner en juego tus talentos en la vida, junto a él, sin miedo. Jesús te espera pacientemente, atiente una respuesta, aguarda tu «sí».

Queridos chicos y chicas, a vuestra edad surge en vosotros de una manera nueva el deseo de encariñaros y de recibir afecto. Si vais a la escuela del Señor, os enseñará a hacer más hermosos también el afecto y la ternura. Os pondrá en el corazón una intención buena, esa de amar sin poseer: querer bien sin poseer; de querer a las personas sin desearlas como algo propio, sino dejándolas libres. ¡Porque el amor es libre! ¡No hay amor que no sea libre! Aquella libertad que el Señor nos deja cuando nos ama: Él, siempre cerca nuestro. En efecto, siempre existe la tentación de contaminar el afecto con la pretensión instintiva de tomar, de «poseer» aquello que gusta. Y esto es egoísmo. Y también, la cultura consumista refuerza esta tendencia. Pero cualquier cosa, cuando se exprime demasiado, se desgasta, se estropea; después se queda uno decepcionado con el vacío dentro. Si escucháis la voz del Señor, os revelará el secreto de la ternura: interesarse por otra persona, quiere decir respetarla, protegerla, esperarla. Y esta es la concreción de la ternura y del amor.

En estos años de juventud percibís también un gran deseo de libertad. Muchos os dirán que ser libres significa hacer lo que se quiera. Pero en esto se necesita saber decir no. Si tu no sabes decir que no, no eres libre. El libre es aquel que sabe decir «si» y sabe decir «no». La libertad no es poder hacer siempre lo que se quiere: esto nos vuelve cerrados, distantes y nos impide ser amigos abiertos y sinceros; no es verdad que cuando estoy bien todo vaya bien. No, no es verdad. En cambio, la libertad es el don de poder elegir el bien: esto es libertad. Es libre quien elige el bien, quien busca aquello que agrada a Dios, también… es fatigoso, no es fácil. Pero yo creo que vosotros jóvenes no tenéis miedo del cansancio, ¿no? Sois estupendos. Pero sólo con decisiones valientes y fuertes se realizan los sueños más grandes, esos por los que vale la pena dar la vida. Elegis con coraje y fuertes. No os contentéis con la mediocridad, con «ir tirando», estando cómodos y sentados; no confiéis en quien os distrae de la verdadera riqueza, que sois vosotros, cuando os digan que la vida es bonita sólo si se tienen muchas cosas; desconfiad de quien os quiera hacer creer que sois valiosos cuando os hacéis pasar por fuertes, como los héroes de las películas, o cuando lleváis vestidos a la última moda. Vuestra felicidad no tiene precio y no se negocia; no es un «app» que se descarga en el teléfono móvil: ni siquiera la versión más reciente podrá ayudaros a ser libres y grandes en el amor. La libertad es otra cosa.

Porque el amor es el don libre de quien tiene el corazón abierto; el amor es una responsabilidad, pero bella que dura toda la vida; ¡es el compromiso cotidiano de quien sabe realizar grandes sueños! ¡Es un problema los jóvenes que no saben soñar, que no osan de soñar! Si un joven a vuestra edad, no es capaz de soñar, ya se ha jubilado: no sirve… El amor se alimenta de confianza, de respeto y de perdón. El amor no surge porque hablemos de él, sino cuando se vive; no es una poesía bonita para aprender de memoria, sino una opción de vida que se ha de poner en práctica. ¿Cómo podemos crecer en el amor? El secreto está en el Señor: Jesús se nos da a sí mismo en la Santa Misa, nos ofrece el perdón y la paz en la Confesión. Allí aprendemos a acoger su amor, hacerlo nuestro, y a difundirlo en el mundo. Y cuando amar parece algo arduo, cuando es difícil decir no a lo que es falso, mirad la cruz del Señor, abrazadla y no dejad su mano, que os lleva hacia lo alto y os levanta cuando caéis. Y… en la vida, siempre se cae, porque somos pecadores, somos débiles. Pero está la mano de Jesús que nos levanta, que nos alza. ¡Jesús nos quiere en pie! Aquella bonita parábola que Jesús decía a los paralíticos: ¡alzaos! Dios nos ha creado para estar en pie. Hay una canción muy bonita que cantan los alpinistas cuando suben arriba. La canción dice así: «En el arte de subir, lo importante no es no caer, ¡sino no continuar caído! Tener el coraje de alzarse, de dejarse alzar de la mano de Jesús. Y esta mano muchas veces viene de la mano de un amigo, de la mano de los padres, de la mano de aquellos que nos acompañan en la vida. También Jesús mismo está ahí.

Sé que sois capaces de gestos grandes de amistad y bondad. Estáis llamados a construir así el futuro: junto con los otros y por los otros, pero jamás contra alguien. No se construye «en contra»: esto se llama destrucción». Haréis cosas maravillosas si os preparáis bien ya desde ahora, viviendo plenamente vuestra edad, tan rica de dones, y no temiendo al cansancio. Haced como los campeones del mundo del deporte, que logran metas altas entrenándose con humildad y todos los días. Que vuestro programa cotidiano sea las obras de misericordia: Entrenaos con entusiasmo en ellas para ser campeones de vida, ¡campeones de amor! Así seréis conocidos como discípulos de Jesús. Así tendréis la carta de identidad de los cristianos. Y os aseguro: vuestra alegría será plena.

El Papa en Grecia: Almorzará con refugiados y saludará a 150 menores

Foto referencial. Crédito: L'Osservatore RomanoVATICANO, 14 Abr. 16 / 04:46 pm (ACI).- Tan solo serán 13 horas, pero el Papa Francisco espera en ese tiempo dar consuelo a los refugiados que, en su huida de la violencia en Medio Oriente, han llegado a la isla griega de Lesbos en busca de un futuro mejor, y a quienes verá este sábado 16 de abril.

El Papa realizará su 13º viaje fuera de Italia y estará acompañado por el Patriarca Ecuménico de Constantinopla (Turquía), Bartolomé I, y del Arzobispo de Atenas y de toda Grecia, Jerónimo II.

El Vaticano presentó hoy jueves el programa del viaje, que comenzará a las 7:00 a.m. (hora de Italia) con la partida del aeropuerto Roma-Fiumicino con destino Mitilene en la isla de Lesbos, donde llegará a las 10:20 a.m. (hora local).

Durante la presentación del programa, el vocero del Vaticano, P. Federico Lombardi, indicó que se trata de un viaje humanitario y ecuménico.

El primer evento del Pontífice será como siempre la ceremonia de bienvenida, donde será recibido por el primer ministro griego, Alexis Tsipras; y por Mons. Fragkiskos Papamanolis, presidente de la Conferencia Episcopal Griega.

A continuación, Francisco mantendrá un breve encuentro privado en el aeropuerto con el primer ministro griego y desde allí se trasladará junto al campo de Moria, donde se alojan unos 2.500 refugiados.

A lo largo de las vallas dispuestas se reunirán unos 150 menores huéspedes del centro, los líderes religiosos atravesarán el patio y llegarán a una gran tienda de campaña donde saludarán a unos 250 solicitantes de asilo.

A las 12:25, hora local, el Arzobispo Jerónimo II, el Patriarca Bartolomé I y Francisco pronunciarán sus discursos desde el podio del patio y después firmarán una declaración conjunta.

Luego, los tres líderes religiosos comerán con algunos refugiados en la estructura que se encuentra detrás del podio.

El programa de la tarde contempla un encuentro con los ciudadanos y con la comunidad católica de la isla en el puesto de la Guardia Costera. Allí se realizará un acto de conmemoración por las víctimas de la migración y el Papa pronunciará el segundo discurso de la jornada.

Acto seguido, los tres líderes religiosos recitarán una breve oración por las víctimas y tras un minuto de silencio, recibirán de tres niños unas coronas de flores que serán lanzadas al mar.

Francisco regresará al aeropuerto para mantener tres encuentros privados con el Arzobispo de Atenas, con el Patriarca Ecuménico y con el primer ministro de Grecia.

Tras la ceremonia de despedida en el aeropuerto, el avión partirá a las 3:30 p.m. y llegará a las 4:30 p.m., hora de Roma.

TEXTO COMPLETO: Catequesis del Papa sobre la vida cristiana es escuela de humildad

Papa Francisco en la Audiencia General / Foto: Daniel Ibáñez (ACI Prensa)

VATICANO, 13 Abr. 16 / 10:18 am (ACI).- El Papa Francisco dedicó su catequesis de hoy en la Audiencia General a hablar sobre que “la vida cristiana es escuela de humildad”. Dijo que “la Iglesia no es una comunidad de perfectos” y advirtió del muro que se levanta como fruto de la soberbia y el orgullo, puesto que “impiden la relación con Dios”.

A continuación el texto completo, gracias a Radio Vaticano:

Queridos hermanos y hermanas:
Hemos escuchado la narración evangélica de la llamada de Mateo. Por ser publicano, es decir, un recaudador de impuestos en nombre del imperio romano, era considerado por los fariseos un pecador público. Jesús, en cambio, invita a Mateo a seguirlo, y comparte su mesa con publicanos y pecadores, ofreciendo también a ellos la posibilidad de ser sus discípulos. Con estos gestos, les indica que no mira a su pasado, a su condición social o a los convencionalismos exteriores, sino que los acoge con sencillez y les abre un futuro.

Esta actitud de Jesús vale también para cada uno de nosotros: ser cristianos no nos hace impecables. La Iglesia no es una comunidad de perfectos, sino de discípulos en camino, que siguen al Señor porque se reconocen pecadores y necesitados de su perdón. La vida cristiana es, pues, una escuela de humildad que se abre a la gracia, en la que se aprende a ver a nuestros hermanos a la luz del amor y de la misericordia del Padre.

Nos reconforta contemplar a Jesús que no excluye a nadie. Él es el buen médico que se compadece de nuestras enfermedades. No hay ninguna que él no pueda curar. Nos libra del miedo, de la muerte y del demonio. Nos hace sus comensales, ofreciéndonos la salvación en la doble mesa de la Palabra y de la Eucaristía. Estas son las medicinas con las que el Divino Maestro nos nutre, nos transforma y nos redime.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica.

Que el Señor Jesús nos alcance la gracia de mirar siempre a los demás con benevolencia y a reconocerlos como invitados a la mesa del Señor, porque todos, sin excepción, tenemos necesidad de experimentar y de nutrirnos de su misericordia, que es fuente de la que brota nuestra salvación. Muchas gracias.

Papa Francisco nombra al nuevo Nuncio Apostólico para Estados Unidos

El nuevo Nuncio Apostólico en Estados Unidos, el Arzobispo francés Mons. Christophe Pierre. Foto Michelle Bauman / ACI Prensa

VATICANO, 12 Abr. 16 / 06:24 am (ACI).- La Oficina de Prensa de la Santa Sede informó hoy que el Papa Francisco ha designado al hasta ahora Nuncio Apostólico en México, el Arzobispo francés Christophe Pierre, como nuevo Nuncio Apostólico en Estados Unidos.

El nombramiento también fue dado a conocer por la Secretaría General de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), a través de un comunicado.

Mons. Christophe Pierre sucede en el cargo a Mons. Carlo María Viganó que presentó su renuncia por haber llegado al límite de edad de 75 años de edad.

Mons. Pierre nació el 30 de enero de 1946, en Rennes, Francia. Estudió en el Seminario Mayor Arquidiocesano de Rennes entre 1963 y 1969, luego en el Instituto Católico de París entre 1969 y 1971.

Fue ordenado sacerdote el 5 de abril de 1970 en Saint-Malo, Francia. Fue Vicario Parroquial en San Pedro y San Pablo en Colombes, diócesis de Nanterre, entre 1970 y 1973.

Estudió en la Pontificia Universidad Lateranense en Roma entre 1973 y 1977, y en la Pontificia Academia Eclesiástica en esos mismos años.

La CEM informa que el nuevo Nuncio en Estados Unidos tiene una Maestría en Sagrada Teología y un Doctorado en Derecho Canónico.

Ha servido en distintas representaciones pontificias en el mundo: Nueva Zelanda e Islas del Pacífico Sur (1977-1981); Mozambique (1981); Zimbawe (1982-1986); Cuba (1986-1989); Brasil (1989-1991); Misión Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza (1991-1995).

Fue designado Nuncio Apostólico en Haití en 1995 y recibió la ordenación episcopal como Arzobispo el 24 de septiembre de ese mismo año.

Fue Nuncio Apostólico en Uganda entre 1999 y 2007, y luego pasó a desempeñarse como Nuncio Apostólico en México.

Recientemente una fuente cercana a los obispos mexicanos dijo a ACI Prensa que el Arzobispo francés “es conocido por recomendar candidatos sólidos y confiables para el episcopado”.

Hace poco el vaticanista italiano Sandro Magister escribió que Mons. Pierre es alguien en quien el Papa confía: “con el Bergogliano Pierre como nuevo Nuncio y con un rol clave en el nombramiento de obispos, la remodelación del Episcopado norteamericano podrá tener una sensible aceleración”, indicó.

Mons. Christophe Pierre es el segundo Nuncio francófono en Estados Unidos. Antes de él estuvo en el cargo el Arzobispo belga Mons. Jean Jadot, que sirvió allí entre 1973 y 1980.

Video#4 de intenciones de oración: El Papa pide en abril por los pequeños agricultores

VATICANO, 05 Abr. 16 / 09:58 am (ACI).- El cuarto vídeo –correspondiente al mes de abril– de la serie en la que el Papa Francisco explica sus intenciones de oración para cada mes está dedicado a los pequeños agricultores.

En el vídeo, producido una vez más por la Red Mundial de Oración del Papa, el Pontífice denuncia el lucro de unos pocos a costa del trabajo de muchos campesinos.

“Gracias campesino, tu aporte es imprescindible para toda la humanidad. Como persona, hijo de Dios, mereces una vida digna. Pero, ¿cómo se retribuyen tus esfuerzos?”, pregunta el Pontífice al comienzo del vídeo de poco más de un minuto.

“La tierra es un don de Dios, no es justo utilizarla para favorecer solo a unos pocos, despojando a la mayoría de sus derechos y beneficios”.

“Me gustaría que lo consideres y unas tu voz a la mía en esta intención: que los pequeños agricultores reciban una remuneración justa por su precioso trabajo”, concluye Francisco.

Papa Francisco: ¿Respondemos a Dios con un “sí” como María o miramos a otro lado?

PapaFrancisco040416VATICANO, 04 Abr. 16 / 10:06 am (ACI/EWTN Noticias).- Durante la Misa matutina en la Casa Santa Marta, tras la pausa por las fiestas de Pascua, el Papa Francisco reflexionó sobre la Solemnidad de la Anunciación y preguntó a los fieles si son cristianos que responden a Dios con “sí” como María o si miran hacia otro lado para evitar dar una respuesta.

En su homilía, el Santo Padre hizo un recuento sobre la historia de la salvación y recordó que el primero en decir “sí” a la llamada de Dios fue Abraham, quien parte de su tierra sin saber a dónde llegaría.

En ese sentido, señaló que hay una “cadena de los sí” que se inicia con Abraham. Esa “humanidad de hombres y mujeres” que aun siendo “ancianos”, como Abraham y Moisés, “dijeron sí a la esperanza del Señor”, dijo el Papa; así como Isaías, quien responde que sus labios son impuros, cuando Dios le pide que vaya a decir las cosas al pueblo.

El Papa también afirmó que el Señor “purifica los labios de Isaías, ¡e Isaías dice sí!”. Añadió que esto mismo vale para Jeremías, quien consideraba que no sabía hablar, pero después también dice “sí” al Señor.

“Y hoy el Evangelio nos habla del final de esta cadena de los ‘sí’, pero que es el inicio de otro ‘sí’, que comienza a crecer: el sí de María. Y este ‘sí’ hace que Dios, no sólo mire al hombre, no sólo camine con su pueblo, sino que se haga uno de nosotros y tome nuestra carne. El ‘sí’ de María que abre la puerta al ‘sí’ de Jesús: ‘Yo vengo para hacer Tu voluntad’, este ‘sí’ que va con Jesús durante toda su vida, hasta la Cruz”.

En su homilía, Pontífice señaló que Jesús también responde “sí” al Padre, si bien le había pedido que aleje de él el cáliz. Y teniendo en cuenta que le respondió que “se haga Tu voluntad”, Francisco añadió que ahí vemos el “sí” de Dios”. Es más, “Él es el sí”.

El Obispo de Roma dijo que éste es “un hermoso día para dar gracias al Señor por habernos enseñado este camino del “sí”, y también para pensar en nuestra vida”. En ese sentido, se dirigió a algunos sacerdotes presentes en esta Misa que celebran su 50 aniversario de ordenación.

“Todos nosotros, cada día, debemos decir ‘sí’ o ‘no’, y pensar si siempre decimos ‘sí’, o tantas veces nos escondemos, con la cabeza gacha, como Adán y Eva, para no decir ‘no’, sino para hacer un poco como que no se entiende… el que no entiende lo que Dios pide. Hoy es la fiesta del ‘sí’. En el ‘sí’ de María está el ‘sí’ de toda la historia de la Salvación, y comienza allí el último ‘sí’ del hombre y de Dios”, afirmó.

El Papa dijo que allí Dios recrea con un “sí” como cuando al inicio hizo al mundo y al hombre. Y ahora, con este “sí” “recrea el mundo maravillosamente, nos recrea a todos nosotros”. Es “el ‘sí’ de Dios, el que nos santifica, el que nos hace ir adelante en Jesucristo”.

Por ello, señaló que hoy “es una jornada para dar gracias al Señor y para preguntarnos: ¿Yo soy un hombre o una mujer del ‘sí’ o soy un hombre o una mujer del ‘no’, o soy un hombre o una mujer que mira un poco hacia otra parte, para no responder? Que el Señor nos de la gracias de entrar en este camino de hombres y mujeres que han sabido decir ‘sí’”.

Al término de la homilía, las religiosas vicentinas que prestan su servicio en la Casa de Santa Marta renovaron sus votos. “Lo hacen cada año porque San Vicente era inteligente y sabía que la misión que les encomendaba era muy difícil y por eso quiso que cada año renovaran los votos”, destacó el Papa.

«Dejémonos guiar por el amor y llegaremos a ser misericordiosos como el Padre», el Papa en la Vigilia de la Divina Misericordia

EN LA PLAZA DE SAN PEDRO

El Papa Francisco presidió ayer en la Plaza de San Pedro la Vigilia de oración con motivo de la fiesta de la Divina Misericordia que se celebra este domingo. En la homilía explicó que «Dios no se cansa nunca de manifestar la misericordia y nosotros no deberíamos acostumbrarnos nunca a recibirla, buscarla y desearla».

divinamisericordia-francisco(RV).- «En Jesús no sólo podemos tocar la misericordia del Padre, sino que somos impulsados a convertirnos nosotros mismos en instrumentos de su misericordia.», lo dijo el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro, durante la Vigilia de oración por la Divina Misericordia.

En su discurso, el Santo Padre recordó con alegría que este momento de oración nos introduce en el Domingo de la Misericordia, segundo Domingo de Pascua, solemnidad instituida por San Juan Pablo II, tras las revelaciones a santa Faustina Kowalska.

Después de haber escuchado los testimonios de algunos participantes en la celebración y comentando las lecturas del profeta Isaías, el Pontífice señaló que, «Dios no se cansa nunca de manifestar su misericordia y nosotros no deberíamos acostumbrarnos nunca a recibirla, buscarla y desearla. Siempre es algo nuevo que provoca estupor y maravilla al ver la gran fantasía creadora de Dios, cuando sale a nuestro encuentro con su amor».

En diferentes pasajes bíblicos, preciso el Obispo de Roma, Dios se ha revelado, manifestando muchas veces su nombre, y este nombre es «misericordia». Así como la naturaleza de Dios es grande e infinita, agregó el Papa, del mismo modo es grande e infinita su misericordia, hasta el punto que parece una tarea difícil poder describirla en todos sus aspectos. Pero sobre todo, puntualizó el Sucesor de Pedro, «la misericordia es cercanía de Dios a su pueblo. Una cercanía que se manifiesta principalmente como ayuda y protección».

Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco señaló que «no tenemos un Dios que no sepa comprender y compadecerse de nuestras debilidades. Por lo tanto, en Jesús no sólo podemos tocar la misericordia del Padre, sino que somos impulsados a convertirnos nosotros mismos en instrumentos de su misericordia». Puede ser fácil hablar de misericordia, dijo el Papa, mientras que es más difícil llegar a ser testigos de esa misericordia en lo concreto. Este es un camino que dura toda la vida y no debe detenerse. Jesús nos dijo que debemos ser «misericordiosos como el Padre».

(Renato Martinez – Radio Vaticano)

Texto completo del Santo Padre Francisco

Compartimos con alegría y agradecimiento este momento de oración que nos introduce en el Domingo de la Misericordia, muy deseado por san Juan Pablo II – hace cinco años, un día como el de hoy, en el 2005 falleció -. Y quería esto para dar cumplimiento a una petición de santa Faustina. Los testimonios que han sido presentados – por los que damos gracias – y las lecturas que hemos escuchado abren espacios de luz y de esperanza para entrar en el gran océano de la misericordia de Dios. ¿Cuántos son los rostros de la misericordia, con los que él viene a nuestro encuentro? Son verdaderamente muchos; es imposible describirlos todos, porque la misericordia de Dios es un crescendo continuo. Dios no se cansa nunca de manifestarla y nosotros no deberíamos acostumbrarnos nunca a recibirla, buscarla y desearla. Es siempre algo nuevo que provoca estupor y maravilla al ver la gran fantasía creadora de Dios, cuando sale a nuestro encuentro con su amor.

Dios se ha revelado, manifestando muchas veces su nombre, y este nombre es «misericordioso» (cf. Ez 34,6). Así como la naturaleza de Dios es grande e infinita, del mismo modo es grande e infinita su misericordia, hasta el punto que parece una tarea difícil poder describirla en todos sus aspectos. Recorriendo las páginas de la Sagrada Escritura, encontramos que la misericordia es sobre todo cercanía de Dios a su pueblo. Una cercanía que se expresa y se manifiesta principalmente como ayuda y protección. Es la cercanía de un padre y de una madre que se refleja en una bella imagen del profeta Oseas, que dice así: «Con lazos humanos los atraje, con vínculos de amor. Fui para ellos como quien alza un niño hasta sus mejillas. Me inclinaba, me inclinaba hacia él para darle de comer» (11,4). El abrazo de un papá y de una mamá con su niño. Es muy expresiva esta imagen: Dios toma a cada uno de nosotros y nos alza hasta sus mejillas. Cuánta ternura contiene y cuánto amor manifiesta. Ternura: palabra casi olvidada y de la que el mundo de hoy – y todos nosotros – tenemos necesidad. He pensado en esta palabra del Profeta cuando he visto el logo del Jubileo. Jesús no sólo lleva sobre sus espaldas a la humanidad, sino que además pega su mejilla a la de Adán, hasta el punto que los dos rostros parecen fundirse en uno.

Nosotros no tenemos un Dios que no sepa comprender y compadecerse de nuestras debilidades (cf. Hb 4, 15). Al contrario, precisamente en virtud de su misericordia, Dios se ha hecho uno de nosotros: «El Hijo de Dios con su encarnación, se ha unido, en cierto modo, a cada hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Naciendo de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo, en todo semejantes a nosotros, excepto en el pecado» (Gaudium et spes, 22). Por lo tanto, en Jesús no sólo podemos tocar la misericordia del Padre, sino que somos impulsados a convertirnos nosotros mismos en instrumento de la misericordia. Puede ser fácil hablar de misericordia, mientras que es más difícil llegar a ser testigos de esa misericordia en lo concreto. Este es un camino que dura toda la vida y no debe detenerse. Jesús nos dijo que debemos ser «misericordiosos como el Padre» (cf. Lc 6,36). ¡Toda la vida, toda la vida nos compromete a esto!

¡Cuántos rostros, entonces, tiene la misericordia de Dios! Ésta se nos muestra como cercanía y ternura, pero en virtud de ello también como compasión y como participación, como consolación y perdón. Quien más la recibe, más está llamado a ofrecerla, a comunicarla; no se puede tener escondida ni retenida sólo para sí mismo. Es algo que quema el corazón y lo estimula a amar, porque reconoce el rostro de Jesucristo sobre todo en quien está más lejos, débil, solo, confundido y marginado. La misericordia no está detenida, sale a buscar a la oveja perdida, y cuando la encuentra manifiesta una alegría contagiosa. La misericordia sabe mirar a los ojos de cada persona; cada una es preciosa para ella, porque cada una es única. Cuánto dolor sentimos en el corazón cuando escuchamos decir: Pero, esta gente…, estos pobres, echémoslos fuera, dejémoslos que duerman en la calle… ¿Esto es de Jesús?

Queridos hermanos y hermanas, la misericordia nunca puede dejarnos tranquilos. Es el amor de Cristo que nos «inquieta» hasta que no hayamos alcanzado el objetivo; que nos empuja a abrazar y estrechar a nosotros, a involucrar, a quienes tienen necesidad de misericordia para permitir que todos sean reconciliados con el Padre (cf. 2 Co 5,14-20). No debemos tener miedo, es un amor que nos alcanza y envuelve hasta el punto de ir más allá de nosotros mismos, para darnos la posibilidad de reconocer su rostro en los hermanos. Dejémonos guiar dócilmente por este amor y llegaremos a ser misericordiosos como el Padre.

Hemos escuchado el Evangelio, Tomás era un testarudo. No había creído. Y encontró la fe precisamente cuando tocó las llagas del Señor. Una fe que no es capaz de meterse en las llagas del Señor ¡no es fe! Una fe que no es capaz de ser misericordiosa, como son signo de misericordia las llagas del Señor, no es fe: es una idea, ideología. Nuestra fe está encarnada en un Dios que se hizo carne, que se hizo pecado, ¡que ha sido llagado por nosotros! Pero si nosotros queremos creer en serio y tener fe, debemos acercarnos y tocar esa llaga, acariciar esa llaga y también bajar la cabeza y dejar que otros acaricien nuestras llagas.

Y bien, entonces, que sea el Espíritu Santo quien guíe nuestros pasos: Él es el amor, él es la misericordia que se comunica a nuestros corazones. No pongamos obstáculos a su acción vivificante, sino sigámoslo dócilmente por los caminos que nos indica. Permanezcamos con el corazón abierto, para que el Espíritu pueda transformarlo; y así, perdonados, reconciliados, dentro de las llagas del Señor, lleguemos a ser testigos de la alegría que brota del encuentro con el Señor Resucitado, vivo entre nosotros.