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[TEXTO COMPLETO] Homilía del Papa Francisco en la Santa Misa de Pentecostés

El Papa Francisco en la Misa de Pentecostés. Foto: Daniel Ibáñez / ACI PRensa

VATICANO, 15 May. 16 / 04:34 am (ACI).- En la Basílica de San Pedro del Vaticano, el Papa Francisco presidió la Santa Misa de la Fiesta de Pentecostés, en la que -50 días después de Pascua- se celebra el envío del Espíritu Santo.

En su homilía, el Pontífice habló recordó que todo hombre es hijo de Dios, y dijo: “El Espíritu es dado por el Padre y nos conduce al Padre. Toda la obra de la salvación es una obra que regenera, en la cual la paternidad de Dios, mediante el don del Hijo y del Espíritu, nos libra de la orfandad en la que hemos caído”.

A continuación, la homilía completa del Papa:
La misión de Jesús, culminada con el don del Espíritu Santo, tenía esta finalidad esencial: restablecer nuestra relación con el Padre, destruida por el pecado; apartarnos de la condición de huérfanos y restituirnos a la de hijos.

El apóstol Pablo, escribiendo a los cristianos de Roma, dice: «Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios. Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: ¡Abba, Padre!» (Rm 8,14-15). He aquí la relación reestablecida: la paternidad de Dios se reaviva en nosotros a través de la obra redentora de Cristo y del don del Espíritu Santo.

El Espíritu es dado por el Padre y nos conduce al Padre. Toda la obra de la salvación es una obra que regenera, en la cual la paternidad de Dios, mediante el don del Hijo y del Espíritu, nos libra de la orfandad en la que hemos caído. También en nuestro tiempo se constatan diferentes signos de nuestra condición de huérfanos: Esa soledad interior que percibimos incluso en medio de la muchedumbre, y que a veces puede llegar a ser tristeza existencial; esa supuesta independencia de Dios, que se ve acompañada por una cierta nostalgia de su cercanía; ese difuso analfabetismo espiritual por el que nos sentimos incapaces de rezar; esa dificultad para experimentar verdadera y realmente la vida eterna, como plenitud de comunión que germina aquí y que florece después de la muerte; esa dificultad para reconocer al otro como hermano, en cuanto hijo del mismo Padre; y así otros signos semejantes.

A todo esto se opone la condición de hijos, que es nuestra vocación originaria, aquello para lo que estamos hechos, nuestro «ADN» más profundo que, sin embargo, fue destruido y se necesitó el sacrificio del Hijo Unigénito para que fuese restablecido. Del inmenso don de amor, como la muerte de Jesús en la cruz, ha brotado para toda la humanidad la efusión del Espíritu Santo, como una inmensa cascada de gracia. Quien se sumerge con fe en este misterio de regeneración renace a la plenitud de la vida filial.

«No os dejaré huérfanos». Hoy, fiesta de Pentecostés, estas palabras de Jesús nos hacen pensar también en la presencia maternal de María en el cenáculo. La Madre de Jesús está en medio de la comunidad de los discípulos, reunida en oración: es memoria viva del Hijo e invocación viva del Espíritu Santo. Es la Madre de la Iglesia. A su intercesión confiamos de manera particular a todos los cristianos, a las familias y las comunidades, que en este momento tienen más necesidad de la fuerza del Espíritu Paráclito, Defensor y Consolador, Espíritu de verdad, de libertad y de paz.

Como afirma también san Pablo, el Espíritu hace que nosotros pertenezcamos a Cristo: «El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo» (Rm 8,9). Y para consolidar nuestra relación de pertenencia al Señor Jesús, el Espíritu nos hace entrar en una nueva dinámica de fraternidad. Por medio del Hermano universal, Jesús, podemos relacionarnos con los demás de un modo nuevo, no como huérfanos, sino como hijos del mismo Padre bueno y misericordioso. Y esto hace que todo cambie.

Podemos mirarnos como hermanos, y nuestras diferencias harán que se multiplique la alegría y la admiración de pertenecer a esta única paternidad y fraternidad.

Y después de Pentecostés ¿ya sabes cuál es tu misión en la vida?

LOS ÁNGELEJovenPensando_FlickrAlejandoElTecnorranteCC-BY-NC-2.0_250515S, 27 May. 15 / 04:11 am (ACI).- En su nueva columna semanal titulada “Evangelizadores llenos del Espíritu Santo”, Mons. José Gómez, Arzobispo de Los Ángeles (Estados Unidos), señaló que para que los cristianos cumplan con el llamado a la evangelización de la Iglesia es necesario que descubran cuál es su misión.

El Prelado señala que los orígenes de la Iglesia están en la misión. Después de Pentecostés, los discípulos salieron a llevar el evangelio a todas las naciones.

También indicó que este llamado no ha perdido vigencia porque el Papa Francisco exhorta constantemente a los cristianos ser “evangelizadores llenos del Espíritu… que proclaman la buena nueva no sólo con palabras, sino, sobre todo con una vida transfigurada por la presencia de Dios”.

Mons. Gómez recordó el ejemplo de Dorothy Day, a quien consideró un testimonio radical de evangelización cuando descubrió su misión. Dorothy fue una periodista de izquierda que abortó por miedo de perder a su amante y tras su conversión dedicó su vida a evangelizar y defender a los pobres e indefensos.

Day nació en Nueva York en el año 1897. Asistió, pero no se graduó, a la Universidad de Illinois. En 1916 comenzó a trabajar en Chicago como corresponsal para publicaciones izquierdistas. En sus artículos escribía sobre el amor libre, el aborto, el feminismo, entre otros.

Luego de su conversión lanzó una revista católica llamada “The Catholic Worker” donde informaba sobre las injusticias contra los obreros, la situación de pobreza, el trabajo infantil, la explotación laboral de los negros, etc. También realizó un voto de pobreza. Actualmente se encuentra en proceso de beatificación.

“Ella nos llamaba a ser ‘santos-revolucionarios’, es decir, hombres y mujeres que practiquen lo que ella llamó ‘la caridad heroica’”, indicó el Prelado.

“Pero al igual que el Papa Francisco, Dorothy Day dijo que nuestras vidas deben estar arraigadas en una relación profunda e íntima con Jesucristo y en el deseo de llevar a todos nuestros conocidos a este encuentro con el Dios vivo. Dorothy Day dijo: “estamos aquí para dar testimonio de Jesús y para seguir su ejemplo”.

Mons. Gómez señala que la misión del cristiano está ligada a la santidad. Si la persona comprende este llamado, podrá conocer su propósito en esta vida. Dorothy Day respondió a este llamado y recordaba constantemente a los cristianos la necesidad actual de santos que tiene la Iglesia:

“Ahora, más que nunca, existe la oportunidad de que haya grandes santos. El mundo nunca ha estado tan organizado –existe la prensa, la radio, la educación, la recreación– como para que alejemos nuestra mente de Cristo. … Todos estamos llamados a ser santos. Dios espera de cada uno de nosotros algo que nadie más puede hacer. Si no lo hacemos nosotros, nadie lo hará”.

Mons. Gómez exhorta finalmente a que los fieles se dejen conducir por el Espíritu Santo porque él ayuda a la persona a descubrir cuál es su misión y fructifica la labor evangelizadora.

Obispo advierte: No confundan al Espíritu Santo con “energía anónima”

MADRID, 22 May. 15 / 07:31 am (ACI).- El Obispo de Córdoba (España), Mons. DMujerBrazosCielo_PixabayDominioPublico_210515emetrio Fernández, escribió su carta pastoral semanal en la que habla de la próxima fiesta de Pentecostés y explica la relación que tiene con el apostolado de los fieles.

El Prelado escribe que “esa fuerza potente del Espíritu Santo no es una energía anónima, que pudiera desprender el cosmos. No. Setrata de una relación personal, una relación de amor, de tú a tú”.

“El Espíritu actúa silenciosamente en nuestros corazones y los va inflamando con el fuego de su amor, nos va recordando las cosas de Jesús y nos da la profunda convicción de que somos hijos de Dios y miembros de su familia que es la Iglesia”.

Pentecostés es también conocida como la “fiesta del Espíritu Santo” y se celebra cincuenta días después de la Pascua. “La fiesta litúrgica de Pentecostés tiene la capacidad de actualizar aquella efusión del Espíritu Santo, pararenovar hoy todo el universo. El Espíritu Santo, alma de la Iglesia. El Espíritu Santo, alma de nuestra alma, dulce huésped del alma”, afirma el Prelado.

El Obispo de Córdoba precisa luego que “la fiesta de Pentecostés es por tanto la fiesta del apostolado” ya que fue cuando los apóstoles fueron fortalecidos y se convirtieron en testigos valientes de Jesús.

Esta fiesta coincide con el día del apostolado seglar. Mons. Fernández definió la tarea de los laicos en la Iglesia como “un enorme gigante dormido, que vadespertando para asumir la tarea propia en la Iglesia y en el mundo“.

De esta manera la familia, el amor humano, el trabajo, la vida social e incluso la política adquieren su verdadera dimensión de servicio a la sociedad en el ejercicio de la caridad social.

“El Espíritu Santo todo lo hace nuevo, dejemos que entre en nuestros corazones”, insiste el Obispo.

Lea la carta semanal completa de Mons. Córdoba en:http://www.diocesisdecordoba.com/carta-semanal-obispo/espiritu-santo-y-apostolado/