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[TEXTO COMPLETO] Homilía del Papa Francisco en la Santa Misa de Pentecostés

El Papa Francisco en la Misa de Pentecostés. Foto: Daniel Ibáñez / ACI PRensa

VATICANO, 15 May. 16 / 04:34 am (ACI).- En la Basílica de San Pedro del Vaticano, el Papa Francisco presidió la Santa Misa de la Fiesta de Pentecostés, en la que -50 días después de Pascua- se celebra el envío del Espíritu Santo.

En su homilía, el Pontífice habló recordó que todo hombre es hijo de Dios, y dijo: “El Espíritu es dado por el Padre y nos conduce al Padre. Toda la obra de la salvación es una obra que regenera, en la cual la paternidad de Dios, mediante el don del Hijo y del Espíritu, nos libra de la orfandad en la que hemos caído”.

A continuación, la homilía completa del Papa:
La misión de Jesús, culminada con el don del Espíritu Santo, tenía esta finalidad esencial: restablecer nuestra relación con el Padre, destruida por el pecado; apartarnos de la condición de huérfanos y restituirnos a la de hijos.

El apóstol Pablo, escribiendo a los cristianos de Roma, dice: «Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios. Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: ¡Abba, Padre!» (Rm 8,14-15). He aquí la relación reestablecida: la paternidad de Dios se reaviva en nosotros a través de la obra redentora de Cristo y del don del Espíritu Santo.

El Espíritu es dado por el Padre y nos conduce al Padre. Toda la obra de la salvación es una obra que regenera, en la cual la paternidad de Dios, mediante el don del Hijo y del Espíritu, nos libra de la orfandad en la que hemos caído. También en nuestro tiempo se constatan diferentes signos de nuestra condición de huérfanos: Esa soledad interior que percibimos incluso en medio de la muchedumbre, y que a veces puede llegar a ser tristeza existencial; esa supuesta independencia de Dios, que se ve acompañada por una cierta nostalgia de su cercanía; ese difuso analfabetismo espiritual por el que nos sentimos incapaces de rezar; esa dificultad para experimentar verdadera y realmente la vida eterna, como plenitud de comunión que germina aquí y que florece después de la muerte; esa dificultad para reconocer al otro como hermano, en cuanto hijo del mismo Padre; y así otros signos semejantes.

A todo esto se opone la condición de hijos, que es nuestra vocación originaria, aquello para lo que estamos hechos, nuestro «ADN» más profundo que, sin embargo, fue destruido y se necesitó el sacrificio del Hijo Unigénito para que fuese restablecido. Del inmenso don de amor, como la muerte de Jesús en la cruz, ha brotado para toda la humanidad la efusión del Espíritu Santo, como una inmensa cascada de gracia. Quien se sumerge con fe en este misterio de regeneración renace a la plenitud de la vida filial.

«No os dejaré huérfanos». Hoy, fiesta de Pentecostés, estas palabras de Jesús nos hacen pensar también en la presencia maternal de María en el cenáculo. La Madre de Jesús está en medio de la comunidad de los discípulos, reunida en oración: es memoria viva del Hijo e invocación viva del Espíritu Santo. Es la Madre de la Iglesia. A su intercesión confiamos de manera particular a todos los cristianos, a las familias y las comunidades, que en este momento tienen más necesidad de la fuerza del Espíritu Paráclito, Defensor y Consolador, Espíritu de verdad, de libertad y de paz.

Como afirma también san Pablo, el Espíritu hace que nosotros pertenezcamos a Cristo: «El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo» (Rm 8,9). Y para consolidar nuestra relación de pertenencia al Señor Jesús, el Espíritu nos hace entrar en una nueva dinámica de fraternidad. Por medio del Hermano universal, Jesús, podemos relacionarnos con los demás de un modo nuevo, no como huérfanos, sino como hijos del mismo Padre bueno y misericordioso. Y esto hace que todo cambie.

Podemos mirarnos como hermanos, y nuestras diferencias harán que se multiplique la alegría y la admiración de pertenecer a esta única paternidad y fraternidad.

VIDEO: Los Papas que peregrinaron a Fátima

REDACCIÓN CENTRAL, 13 May. 16 / 10:47 am (ACI).- De los nueve Pontífices que ha tenido la Iglesia desde la aparición de la Virgen de Fátima en 1917, tres llegaron al Santuario mariano en Portugal, la tierra donde la Madre de Dios habló a los tres pastorcitos. El Papa Francisco será el cuarto en peregrinar a ese importante lugar cuando vaya en 2017, en el centenario de las apariciones.

El primero fue el Beato Pablo VI el 13 de mayo de 1967, fecha en el que el mundo celebraba el 50 aniversario de la primera aparición de la Virgen de Fátima. “Queremos pedir a María una Iglesia viva, una Iglesia verdadera, una iglesia unida, una Iglesia santa”, dijo el Beato durante su homilía ante miles de fieles.

El segundo fue San Juan Pablo II quien el 13 de mayo de 1982, al cumplirse el primer aniversario del atentado que sufrió en la Plaza San Pedro, visitó Fátima para agradecer a la Virgen por haberlo protegido.

Retornó al Santuario de Fátima en 1991 como agradecimiento por los 10 años de haber sido “salvado” por la “mano materna” de María durante el atentado y más adelante, en el Jubileo del año 2000, volvió para beatificar a los videntes de Fátima, Francisco y Jacinta Marto.

“El mensaje de Fátima es una llamada a la conversión, alertando a la humanidad para que no siga el juego del ‘dragón’… La meta última del hombre es el cielo, su verdadera casa, donde el Padre celestial, con su amor misericordioso, espera a todos”, señaló el Papa peregrino en aquella ocasión que contó con la presencia de Sor Lucía, la tercera vidente.

Al conmemorarse los 10 años de la beatificación de los pastorcitos, elPapa Benedicto XVI también peregrinó al Santuario de Fátima y el 13 de mayo de 2010 celebró una multitudinaria Misa. Allí el Pontífice advirtió que “se equivoca quien piensa que la misión profética de Fátima está acabada”.

“Nuestra Madre bendita ha venido desde el Cielo ofreciendo la posibilidad de sembrar en el corazón de todos los que se acogen a ella el Amor de Dios que arde en el suyo. Al principio fueron sólo tres, pero el ejemplo de sus vidas se ha difundido y multiplicado en numerosos grupos por toda la faz de la tierra”, destacó.

En este recuento de los Pontífices que llegaron a Fátima hay dos que no han sido incluidos porque peregrinaron al Santuario antes de ser elegidos para la Sede de Pedro.

El 13 de mayo de 1956, el entonces Cardenal Roncalli (luego Papa San Juan XXIII) presidió las ceremonias de la peregrinación por el aniversario de las apariciones. Mientras que el Cardenal Albino Luciani (después Juan Pablo I) estuvo en Fátima el 10 de julio de 1977.

VIDEO: El conmovedor momento en que una niña invidente conoce al Papa Francisco

VATICANO, 05 May. 16 / 11:08 am (ACI).- Ni los miembros del equipo de seguridad del Vaticano pudieron evitar las lágrimas. Ayer, antes de presidir la Audiencia General de los Miércoles, el Papa Francisco detuvo el papamóvil para saludar a una niña invidente y el momento conmovió a todos.

La menor fue llevada en brazos hasta el Pontífice y pudo tocar el rostro del Papa para conocerlo.

El breve pero intenso momento fue capturado por las cámaras del Centro Televisivo Vaticano y el fotógrafo Daniel Ibáñez de ACI Prensa. Las caricias de la niña conmovieron al Pontífice.

En su catequesis de ayer, el Papa reflexionó sobre la parábola del Buen Pastor.

“Dios no conoce nuestra actual cultura del descarte, en Dios esto no cabe. Dios no descarta a ninguna persona; Dios ama a todos, busca a todos… ¡Todos! Uno por uno. Él no conoce esta palabra ‘descartar a la gente’, porque es todo amor y toda misericordia”, aseguró el Papa desde la Plaza de San Pedro.

Los testimonios que conmovieron al Papa en la vigilia de las lágrimas

VATICANO, 05 May. 16 / 01:15 pm (ACI).- Esta tarde en la Basílica de San Pedro el Papa Francisco presidió la Vigilia de oración “para enjugar las lágrimas” en el que escuchó varios intensos testimonios que lo conmovieron.

El primer testimonio fue el de una familia italiana de Salerno compuesta por Giovanna, de 48 años, casada con Domenico desde 1995. Tienen dos hijos Rafaele y Chiara. Hace un tiempo y cuando tenía solo 15 años, el mayor de los tres, Antonio, se suicidó.
Giovanna compartió el sufrimiento que esto le produjo: “Antonio también me puso en su tumba a mí, mi vida, mi mente, mi alma. En ese terrible momento solo tenía el amor de Dios… mi existencia. Él secó todas mis lágrimas y me dio fuerza. Este amor hizo que no me destruyera”.

Rafaele, que tenía 9 años cuando ocurrió la tragedia, dijo que en ese momento “me sentí perdido, abandonado. Tenía mucha ira, sobre todo contra Dios porque no podía encontrar una razón para el suicidio de mi hermano”. Luego se alejó de la Iglesia pero poco a poco volvió a la fe con la ayuda de sus padres.

Por su parte el padre, Domenico, recordó que el día del funeral de Antonio “me sentía aniquilado, confundido…. ¿En qué fallé? Como padre, como esposo, como cristiano me sentía nada”.
Un día en una iglesia, continuó, alguien que pasó por la misma experiencia con una hija lo abrazó. “En ese momento sentí verdaderamente que ese abrazo venía del cielo, que era el consuelo de Dios para que yo renovara mi confianza en la presencia de Dios, para abrazarme a su misericordia”, relató.

El segundo testimonio fue el del pakistaní Kaizer Felix, quien se presentó acompañado de su familia. Cuando cubría la realidad de la minoría católica, fue víctima “de la violencia brutal y la persecución que promueve la ley de blasfemia”.

La ley de Blasfemia en Pakistán agrupa varias normas contenidas en el Código Penal inspiradas directamente en la Shariah –ley religiosa musulmana– para sancionar cualquier ofensa de palabra u obra contra Alá, Mahoma o el Corán, incluso con la pena de muerte. La ley es usada con frecuencia para perseguir a la minoría cristiana.

Por su trabajo, Felix recibió un premio en 2007 y fue considerado “una amenaza para el Islam”. Cuando acudió a la policía nadie le hizo caso y finalmente tuvo que huir y se dirigió a Roma donde poco a poco van forjando su futuro.

El tercer testimonio fue el del italiano Maurizio Frattemico y su hermano gemelo Enzo, quienes lo “tenían todo” en una época: dinero, éxito, mujeres, aunque al final “me sentía vacío, sin sentido”.

Maurizio tuvo un intenso cuestionamiento sobre su vida en marzo de 2002 y agradeció a su madre que lloró mucho por él, como “Santa Mónica por San Agustín”. Tras esa experiencia en África se encontró días después con su hermano “que se veía muy alegre, distinto”.

Enzo le contó que todo era debido a Dios y lo abrazó. Maurizio comenta que “en ese abrazo sentí el amor que nunca me juzgó ni me condenó”.
Luego de cada testimonio se encendió una vela ante el relicario de la Virgen de las Lágrimas de Siracusa, expuesto en esta ocasión para la veneración de los fieles en la Basílica de San Pedro.

El Papa entregó luego a diez personas el Agnus Dei (antiguo objeto de devoción usado en los años jubilares desde 1470), como símbolo de consuelo y esperanza, bendecido por él mismo. De forma oval y cera blanca, este objeto tiene grabada la imagen del Cordero Pascual en un lado, y del otro lado el logo del Jubileo de la Misericordia.

Entre las personas que lo recibieron están una que ha perdido un hijo en un accidente de tráfico, otra que perdió un familiar en el trabajo, otra que perdió a sus familiares en el genocidio en Ruanda y otra que estuvo encarcelada.

Contribuyó en este artículo Elise Harris, correponsal de CNA en Roma.

Video#5 de intenciones de oración: El Papa defiende dignidad de la mujer

VATICANO, 03 May. 16 / 11:33 am (ACI).- La Santa Sede publicó este martes el quinto video de 2016 sobre las intenciones de oración del Papa Francisco para el mes de mayo, centradas en la defensa de la dignidad de las mujeres y su aporte a la sociedad, empezando por la familia.

“Es innegable el aporte de la mujer en todas las áreas del quehacer humano, empezando por la familia. Pero con sólo reconocerlo… ¿Es suficiente?”, cuestiona el Santo Padre en el video producido por la Red Mundial de Oración del Papa.
Francisco señala que “hemos hecho muy poco por las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, despreciadas, marginadas, e incluso reducidas a esclavitud”.

“Debemos condenar –exhorta– la violencia sexual que sufren las mujeres y eliminar los obstáculos que impiden su plena inserción en la vida social, política y económica”.

“Si pensás que esto es justo, manifestá esta petición conmigo. Es una oración: para que en todos los países del mundo las mujeres sean honradas y respetadas y sea valorizado su imprescindible aporte social”, concluye el Pontífice.

El cardenal Müller recuerda en Madrid que ningún Papa puede cambiar la doctrina sobre los sacramentos

El cardenal Müller recuerda en Madrid que ningún Papa puede cambiar la doctrina sobre los sacramentos

ES UNA «CONTRADICCIÓN» ESTAR DIVORCIADO Y VUELTO A CASAR Y QUERER COMULGAR

El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano, el cardenal Gerhard Ludwig Müller, ha asegurado hoy en Madrid de que es «una contradicción» estar divorciado y vuelto a casar y querer comulgar y ha precisado que ningún Papa puede cambiar la doctrina sobre los sacramentos del matrimonio y la Eucaristía.

(EP) El purpurado alemán ha visitado este martes, 3 de mayo,  la Universidad Francisco de Vitoria en Madrid, donde ha acudido para presentar su libro ‘Informe sobre la esperanza’ (Biblioteca de Autores Cristianos) en el que es entrevistado por el director de la editorial, Carlos Granados, y en el que reflexiona sobre el matrimonio, la ideología de género, los divorciados vueltos a casar o el aborto, entre otros.

«No es posible (vivir en gracia de Dios en situación de pecado). La Iglesia no tiene potestad de cambiar el derecho divino, no puede cambiar la indisolubilidad del matrimonio. No se puede decir sí a Jesucristo en la Eucaristía y no en el matrimonio. Es una contradicción objetiva», ha enfatizado, preguntado por el acercamiento a las familias en situación irregular que refleja la exhortación del Papa Francisco sobre la familia ‘Amoris Laetitia’.

En este sentido, el cardenal alemán ha recordado que cuando una persona está «en pecado mortal» tiene que recibir el sacramento de la penitencia y que esto «no lo puede cambiar el Papa ni un concilio ecuménico».

Integración de los divorciados vueltos a casar

En cualquier caso, ha advertido de que no se pueden hacer «interpretaciones falsas» que «van más allá del dogma » y ha explicado que lo que el Papa pide a la Iglesia es pensar cómo se puede integrar a estas personas que «saben que viven en una situación incorrecta pero que quieren acercarse a la Iglesia».

No obstante, ha precisado que, por ejemplo en el caso de los divorciados vueltos casar, la «meta» debe ser que «se separen del esposo ilegítimo» o que vivan junto a él pero en castidad, porque «no se puede justificar una situación que va contra la ley divina».

Así lo indica en el libro ‘Informe sobre la esperanza’, donde afirma que «la Iglesia nunca gozará de autoridad alguna para dispensar de los mandamientos en aras de una presunta visión compasiva» y «no puede, por ejemplo, conceder unas segundas nupcias mientras vive todavía el primer cónyuge».

Dedicación al Papa

Müller ha asegurado que este libro lo ha realizado «con gran dedicación al Papa» y ha ensalzado el «estilo personal de Francisco» más «pastoral» y «cercano a la gente», al tiempo que ha pedido que no se «malinterprete» su forma de predicar y no se «inventen contradicciones» entre los diferentes Papas.

Durante la conferencia, en la que el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, le ha agradecido su presencia, el cardenal Müller se ha preguntado «qué se puede esperar de la sociedad en la actualidad» y ha reconocido que no le extraña que se defina al hombre de hoy como «desesperanzado o indignado».

En esta línea, ha destacado la «esperanza» que puede ofrecer la Iglesia al hombre para que no «naufrague en el sinsentido y la irracionalidad». También ha criticado a quienes son indiferentes al sufrimiento de otros sólo con el fin de conservar relaciones «políticamente correctas» así como a los que ponen las leyes del mercado por encima de la dignidad humana.

 

Papa Francisco: «Ignorar el sufrimiento del hombre es ignorar a Dios»

CATEQUESIS SOBRE LA PARÁBOLA DEL BUEN SAMARITANO

La parábola del buen samaritano ha sido el centro de la catequesis del papa Francisco en la última audiencia general de este mes de abril. El Santo Padre ha asegurado que ignorar el sufrimiento del prójimo es ignorar a Dios.

(Radio Vaticano) Texto de la catequesis del papa Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy reflexionamos sobre la parábola del buen samaritano (Cfr. Lc 10,25-37). Un doctor de la Ley pone a prueba a Jesús con esta pregunta: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?» (v. 25). Jesús le pide dar a él mismo la respuesta, y él lo da perfectamente: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo» (v. 27). Jesús entonces concluye: «obra así y alcanzarás la vida» (v. 28).

Entonces aquel hombre hace otra pregunta, que se hace muy preciosa para nosotros: «¿Y quién es mi prójimo?» (v. 29), y presupone: «¿mis parientes? ¿mis connacionales? ¿Aquellos de mi misma religión?…». En fin, quiere una regla clara que le permita clasificar a los demás en «prójimo» y «no prójimo», en aquellos que pueden convertirse en prójimos y en aquellos que no pueden hacerse prójimos.

Y Jesús responde con una parábola, que pone en escena a un sacerdote, un levita y un samaritano. Los dos primeros son figuras relacionadas con el culto del templo; el tercero es un judío cismático, considerado como un extranjero, pagano e impuro, es decir el samaritano. En el camino de Jerusalén a Jericó el sacerdote y el levita se encuentran con un hombre moribundo, que los ladrones han asaltado, robado y abandonado. La Ley del Señor en situaciones símiles preveía la obligación de socorrerlo, pero ambos pasan de largo sin detenerse. Tenían prisa. El sacerdote, tal vez, ha mirado el reloj y ha dicho: «pero, llegare tarde a la Misa… Debo decir la Misa». Y el otro ha dicho: «pero, no sé si la Ley me lo permite, porque hay sangre ahí y quedare impuro…». Van por otro camino y no se acercan. Y aquí la parábola nos ofrece una primera enseñanza: no es automático que quien frecuenta la casa de Dios y conoce su misericordia sepa amar al prójimo. ¡No es automático! Tú puedes conocer toda la Biblia, tú puedes conocer todas las normas litúrgicas, tú puedes conocer toda la teología, pero del conocer no es automático el amar: el amar tiene otro camino, el amor tiene otro camino. Con inteligencia, pero con algo más… El sacerdote y el levita ven, pero ignoran; miran, pero no proveen. Ni siquiera existe un verdadero culto si ello no se traduce en servicio al prójimo. No lo olvidemos jamás: ante el sufrimiento de tanta gente agotada por el hambre, por la violencia y la injusticia, no podemos permanecer como espectadores. ¡Ignorar el sufrimiento del hombre, ¿qué cosa significa? ¡Significa ignorar a Dios! Si yo no me acerco a aquel hombre, a aquella mujer, a aquel niño, a aquel anciano o aquella anciana que sufre, no me acerco a Dios.

Pero, vayamos al centro de la parábola: el samaritano, es decir, aquel despreciado, aquel sobre quien nadie habría apostado nada, y que de todos modos también él tenía sus deberes y sus cosas por hacer, cuando vio al hombre herido, no pasó de largo como los otros dos, que estaban relacionados con el Templo, sino «lo vio y se conmovió» (v.33). Así dice el Evangelio: «Tuvo compasión», es decir, ¡el corazón, las vísceras, se han conmovido! Esta ahí la diferencia. Los otros dos «vieron», pero sus corazones permanecieron cerrados, fríos. En cambio, el corazón del samaritano era sintonizado con el corazón de Dios. De hecho, la «compasión» es una característica esencial de la misericordia de Dios. Dios tiene compasión de nosotros. ¿Qué cosa quiere decir? Sufre con nosotros, nuestros sufrimientos Él lo siente. Compasión: «compartir con». El verbo indica que las vísceras se mueven y tiemblan a la vista del mal del hombre. Y en los gestos y en las acciones del buen samaritano reconocemos el actuar misericordioso de Dios en toda la historia de la salvación. Es la misma compasión con la cual el Señor viene a encontrar a cada uno de nosotros: Él no nos ignora, conoce nuestros dolores, sabe cuánta necesidad tenemos de ayuda y consolación. Esta cerca y no nos abandona jamás. Pero podemos, cada uno de nosotros, hacernos la pregunta y responder en el corazón: «¿Yo lo creo? ¿Yo creo que el Señor tiene compasión de mí, así como soy, pecador, con tantos problemas y tantas cosas?». Pensar en esto y la respuesta es: «¡Sí!». Pero, cada uno debe mirar en el corazón si tiene la fe en esta compasión de Dios, de Dios bueno que se acerca, nos cura, nos acaricia. Y si nosotros lo rechazamos, Él espera: ¡es paciente! Siempre junto a nosotros.

El samaritano se comporta con verdadera misericordia: venda las heridas de aquel hombre, lo lleva a un albergue, lo cuida personalmente, provee a su asistencia. Todo esto nos enseña quela compasión, el amor, no es un sentimiento vago, sino significa cuidar al otro hasta pagar personalmente. Significa comprometerse cumpliendo todos los pasos necesarios para «acercarse» al otro hasta identificarse con él: «amaras a tu prójimo como a ti mismo». Este es el mandamiento del Señor.

Concluida la parábola, Jesús devuelve la pregunta al doctor de la Ley y le pide: «¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?» (v. 36). La respuesta es finalmente inequivocable: «El que tuvo compasión de él» (v. 37). Al inicio de la parábola para el sacerdote y el levita el prójimo era el moribundo; al final el prójimo es el samaritano que se ha hecho cercano. Jesús cambia la prospectiva: no clasificar a los demás para ver quién es el prójimo y quién no lo es. Tú puedes hacerte prójimo de quien se encuentra en la necesidad, y lo serás si en tu corazón tienes compasión, es decir, tienes esa capacidad de sufrir con el otro.

¡Esta parábola es un estupendo regalo para todos nosotros, y también un compromiso! A cada uno de nosotros Jesús repite lo que le dijo al doctor de la Ley: «Ve, y procede tú de la misma manera» (v. 37). Estamos todos llamados a recorrer el mismo camino del buen samaritano, que es la figura de Cristo: Jesús se inclinó hacia nosotros, se ha hecho nuestro siervo, y así nos ha salvado, para que también nosotros podamos amarnos como Él nos ha amado, del mismo modo. ¡Gracias!

 

El Papa a los jóvenes: «La libertad no es poder hacer siempre lo que se quiere»

«SI TÚ NO SABES DECIR QUE NO, NO ERES LIBRE»

Setenta mil jóvenes asistieron ayer en la Plaza de San Pedro del Vaticano a la Misa oficiada por el papa Francisco con motivo del Jubileo de los jóvenes. El Santo Padre explicó a los chavales que la libertad consiste en poder elegir el bien, aquello que agrada a Dios.

Homilía del Papa Francisco en la Misa por el Jubileo de los jóvenes:

«La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros» (Jn 13,35).

Queridos chicos y chicas: Qué gran responsabilidad nos confía hoy el Señor. Nos dice que la gente conocerá a los discípulos de Jesús por cómo se aman entre ellos. En otras palabras, el amor es el documento de identidad del cristiano, es el único «documento» válido para ser reconocidos como discípulos de Jesús. El único documento válido. Si este documento caduca y no se renueva continuamente, dejamos de ser testigos del Maestro. Entonces os pregunto: ¿Queréis acoger la invitación de Jesús para ser sus discípulos? ¿Queréis ser sus amigos fieles? El amigo verdadero de Jesús se distingue principalmente por el amor concreto, no el amor en las nubes: no. El amor concreto que resplandece en su vida. El amor es siempre concreto, ¿eh? Ese que no es concreto y habla del amor, es una telenovela, un culebrón. El amor es siempre concreto, eh? ¿Queréis vivir este amor que Él nos entrega? ¿Queréis o no queréis? Entonces, frecuentemos su escuela, que es una escuela de vida para aprender a amar. Y esto es un trabajo de todos los días, ¿eh?: aprender a amar.

Ante todo, amar es bello, es el camino para ser felices. Pero no es fácil, es desafiante, supone esfuerzo. Por ejemplo, pensemos cuando recibimos un regalo: nos hace felices, pero para preparar ese regalo las personas generosas han dedicado tiempo y dedicación y, de ese modo, regalándonos algo, nos han dado también algo de ellas mismas, algo de lo que han sabido privarse. Pensemos también al regalo que vuestros padres y animadores os han hecho, al dejaros venir a Roma para este Jubileo dedicado a vosotros. Han programado, organizado, preparado todo para vosotros, y esto les daba alegría, aun cuando hayan renunciado a un viaje para ellos. Ésta es la concreción del amor. En efecto, amar quiere decir dar, no sólo algo material, sino algo de uno mismo: el tiempo personal, la propia amistad, las capacidades personales.

Miremos al Señor, que es insuperable en generosidad. Recibimos de él muchos dones, y cada día tendríamos que darle gracias. Quisiera preguntaros: ¿Dais gracias al Señor todos los días? Aun cuando nos olvidemos, Él se acuerda de hacernos cada día un regalo especial. No es un regalo material para tener entre las manos y usar, sino un don más grande para la vida. Nos regala… ¿qué nos regala el Señor? Nos regala su amistad fiel, siempre es amigo el Señor, que no la retirará jamás. Además, si tú lo decepcionas y te alejas de Él, Jesús sigue amándote y estando contigo, creyendo en ti más de lo que tú crees en ti mismo. Ésta es la concreción del amor que nos enseña a Jesús. Y esto es muy importante. Porque la amenaza principal, que impide crecer bien, es cuando no importas a nadie, cuando te sientes marginado, es triste esto. En cambio, el Señor está siempre junto a ti y está contento de estar contigo. Como hizo con sus discípulos jóvenes, te mira a los ojos y te llama para seguirlo, para «remar mar a dentro» y «echar las redes» confiando en su palabra; es decir, poner en juego tus talentos en la vida, junto a él, sin miedo. Jesús te espera pacientemente, atiente una respuesta, aguarda tu «sí».

Queridos chicos y chicas, a vuestra edad surge en vosotros de una manera nueva el deseo de encariñaros y de recibir afecto. Si vais a la escuela del Señor, os enseñará a hacer más hermosos también el afecto y la ternura. Os pondrá en el corazón una intención buena, esa de amar sin poseer: querer bien sin poseer; de querer a las personas sin desearlas como algo propio, sino dejándolas libres. ¡Porque el amor es libre! ¡No hay amor que no sea libre! Aquella libertad que el Señor nos deja cuando nos ama: Él, siempre cerca nuestro. En efecto, siempre existe la tentación de contaminar el afecto con la pretensión instintiva de tomar, de «poseer» aquello que gusta. Y esto es egoísmo. Y también, la cultura consumista refuerza esta tendencia. Pero cualquier cosa, cuando se exprime demasiado, se desgasta, se estropea; después se queda uno decepcionado con el vacío dentro. Si escucháis la voz del Señor, os revelará el secreto de la ternura: interesarse por otra persona, quiere decir respetarla, protegerla, esperarla. Y esta es la concreción de la ternura y del amor.

En estos años de juventud percibís también un gran deseo de libertad. Muchos os dirán que ser libres significa hacer lo que se quiera. Pero en esto se necesita saber decir no. Si tu no sabes decir que no, no eres libre. El libre es aquel que sabe decir «si» y sabe decir «no». La libertad no es poder hacer siempre lo que se quiere: esto nos vuelve cerrados, distantes y nos impide ser amigos abiertos y sinceros; no es verdad que cuando estoy bien todo vaya bien. No, no es verdad. En cambio, la libertad es el don de poder elegir el bien: esto es libertad. Es libre quien elige el bien, quien busca aquello que agrada a Dios, también… es fatigoso, no es fácil. Pero yo creo que vosotros jóvenes no tenéis miedo del cansancio, ¿no? Sois estupendos. Pero sólo con decisiones valientes y fuertes se realizan los sueños más grandes, esos por los que vale la pena dar la vida. Elegis con coraje y fuertes. No os contentéis con la mediocridad, con «ir tirando», estando cómodos y sentados; no confiéis en quien os distrae de la verdadera riqueza, que sois vosotros, cuando os digan que la vida es bonita sólo si se tienen muchas cosas; desconfiad de quien os quiera hacer creer que sois valiosos cuando os hacéis pasar por fuertes, como los héroes de las películas, o cuando lleváis vestidos a la última moda. Vuestra felicidad no tiene precio y no se negocia; no es un «app» que se descarga en el teléfono móvil: ni siquiera la versión más reciente podrá ayudaros a ser libres y grandes en el amor. La libertad es otra cosa.

Porque el amor es el don libre de quien tiene el corazón abierto; el amor es una responsabilidad, pero bella que dura toda la vida; ¡es el compromiso cotidiano de quien sabe realizar grandes sueños! ¡Es un problema los jóvenes que no saben soñar, que no osan de soñar! Si un joven a vuestra edad, no es capaz de soñar, ya se ha jubilado: no sirve… El amor se alimenta de confianza, de respeto y de perdón. El amor no surge porque hablemos de él, sino cuando se vive; no es una poesía bonita para aprender de memoria, sino una opción de vida que se ha de poner en práctica. ¿Cómo podemos crecer en el amor? El secreto está en el Señor: Jesús se nos da a sí mismo en la Santa Misa, nos ofrece el perdón y la paz en la Confesión. Allí aprendemos a acoger su amor, hacerlo nuestro, y a difundirlo en el mundo. Y cuando amar parece algo arduo, cuando es difícil decir no a lo que es falso, mirad la cruz del Señor, abrazadla y no dejad su mano, que os lleva hacia lo alto y os levanta cuando caéis. Y… en la vida, siempre se cae, porque somos pecadores, somos débiles. Pero está la mano de Jesús que nos levanta, que nos alza. ¡Jesús nos quiere en pie! Aquella bonita parábola que Jesús decía a los paralíticos: ¡alzaos! Dios nos ha creado para estar en pie. Hay una canción muy bonita que cantan los alpinistas cuando suben arriba. La canción dice así: «En el arte de subir, lo importante no es no caer, ¡sino no continuar caído! Tener el coraje de alzarse, de dejarse alzar de la mano de Jesús. Y esta mano muchas veces viene de la mano de un amigo, de la mano de los padres, de la mano de aquellos que nos acompañan en la vida. También Jesús mismo está ahí.

Sé que sois capaces de gestos grandes de amistad y bondad. Estáis llamados a construir así el futuro: junto con los otros y por los otros, pero jamás contra alguien. No se construye «en contra»: esto se llama destrucción». Haréis cosas maravillosas si os preparáis bien ya desde ahora, viviendo plenamente vuestra edad, tan rica de dones, y no temiendo al cansancio. Haced como los campeones del mundo del deporte, que logran metas altas entrenándose con humildad y todos los días. Que vuestro programa cotidiano sea las obras de misericordia: Entrenaos con entusiasmo en ellas para ser campeones de vida, ¡campeones de amor! Así seréis conocidos como discípulos de Jesús. Así tendréis la carta de identidad de los cristianos. Y os aseguro: vuestra alegría será plena.

4 momentos en los que el Papa Francisco quiso llorar en Lesbos

LESBOS, 16 Abr. 16 / 12:00 pm (ACI).- El Papa Francisco visitó este sábado 16 de abril la isla de Lesbos en Grecia, que alberga a miles de refugiados, y en el vuelo de regreso a Roma confesó a los periodistas que “hoy, de verdad, daban ganas de llorar”.

En el que consideró un “viaje triste” por la dramática situación de los refugiados, el Papa cumplió una apretada agenda y pudo llevar consuelo a muchos.

El Papa estuvo alrededor de seis horas en Lesbos. “Después de lo que he visto, de lo que ustedes han visto, en ese campo de refugiados, daban ganas de llorar”, aseguró en la rueda de prensa.

1. El sol triste


“Traje unos dibujos para mostrárselos. ¿Qué quieren estos niños? Paz. Es cierto que en el campo no tienen cursos de educación, pero, ¿qué han visto estos niños? Este es un dibujo en el que se ve a un niño que se ahoga. Esto lo tienen en el corazón; hoy, de verdad, daban ganas de llorar. Recuerdan esto. Uno dibujó al sol llorando. Pero si el sol es capaz de llorar, también a nosotros nos hará bien una lágrima”, indicó a la prensa.
2. Las más duras lágrimas

En su visita al Campo de Refugiados de Moria, una niña conmovió al mundo con sus lágrimas. En cuanto tuvo al Papa cerca se postró a sus pies y estalló en un profundo llanto. El Papa la levantó y trató de darle consuelo mientras escuchaba el relato de su familia.

3. Música y alegría

También en el Campo de Refugiados de Moria, un grupo de niños entonó una canción para el Papa y los visitantes. Fue un momento de alegría en medio de las numerosas escenas de dolor que presenció el Pontífice.

4. In memoriam

El Papa y los dos líderes ortodoxos que lo acompañaron en el viaje, arrojaron al mar tres ofrendas florales. Junto al Patriarca Ecuménico de Constantinopla (Turquía), Bartolomé I, y el Arzobispo de Atenas y de toda Grecia, Jerónimo II, el Pontífice rezó por todos los migrantes fallecidos en su intento por llegar a Europa.

4 momentos en los que el Papa Francisco quiso llorar en Lesbos

El Papa en Grecia: Almorzará con refugiados y saludará a 150 menores

Foto referencial. Crédito: L'Osservatore RomanoVATICANO, 14 Abr. 16 / 04:46 pm (ACI).- Tan solo serán 13 horas, pero el Papa Francisco espera en ese tiempo dar consuelo a los refugiados que, en su huida de la violencia en Medio Oriente, han llegado a la isla griega de Lesbos en busca de un futuro mejor, y a quienes verá este sábado 16 de abril.

El Papa realizará su 13º viaje fuera de Italia y estará acompañado por el Patriarca Ecuménico de Constantinopla (Turquía), Bartolomé I, y del Arzobispo de Atenas y de toda Grecia, Jerónimo II.

El Vaticano presentó hoy jueves el programa del viaje, que comenzará a las 7:00 a.m. (hora de Italia) con la partida del aeropuerto Roma-Fiumicino con destino Mitilene en la isla de Lesbos, donde llegará a las 10:20 a.m. (hora local).

Durante la presentación del programa, el vocero del Vaticano, P. Federico Lombardi, indicó que se trata de un viaje humanitario y ecuménico.

El primer evento del Pontífice será como siempre la ceremonia de bienvenida, donde será recibido por el primer ministro griego, Alexis Tsipras; y por Mons. Fragkiskos Papamanolis, presidente de la Conferencia Episcopal Griega.

A continuación, Francisco mantendrá un breve encuentro privado en el aeropuerto con el primer ministro griego y desde allí se trasladará junto al campo de Moria, donde se alojan unos 2.500 refugiados.

A lo largo de las vallas dispuestas se reunirán unos 150 menores huéspedes del centro, los líderes religiosos atravesarán el patio y llegarán a una gran tienda de campaña donde saludarán a unos 250 solicitantes de asilo.

A las 12:25, hora local, el Arzobispo Jerónimo II, el Patriarca Bartolomé I y Francisco pronunciarán sus discursos desde el podio del patio y después firmarán una declaración conjunta.

Luego, los tres líderes religiosos comerán con algunos refugiados en la estructura que se encuentra detrás del podio.

El programa de la tarde contempla un encuentro con los ciudadanos y con la comunidad católica de la isla en el puesto de la Guardia Costera. Allí se realizará un acto de conmemoración por las víctimas de la migración y el Papa pronunciará el segundo discurso de la jornada.

Acto seguido, los tres líderes religiosos recitarán una breve oración por las víctimas y tras un minuto de silencio, recibirán de tres niños unas coronas de flores que serán lanzadas al mar.

Francisco regresará al aeropuerto para mantener tres encuentros privados con el Arzobispo de Atenas, con el Patriarca Ecuménico y con el primer ministro de Grecia.

Tras la ceremonia de despedida en el aeropuerto, el avión partirá a las 3:30 p.m. y llegará a las 4:30 p.m., hora de Roma.