DECLARACIÓN DE MONSEÑOR JOSÉ H. GOMEZ, ARZOBISPO DE LOS ÁNGELES, SOBRE LA LEGALIZACIÓN DEL SUICIDIO ASISTIDO EN CALIFORNIA

Image result for Arzobispo Jose GomezCalifornia se convertirá en el quinto estado del país en permitir a los médicos recetar medicamentos letales a los pacientes que los soliciten.

Con la nueva ley de “Opciones para el final de la vida” (End of Life Options) estaremos cruzando una frontera: de ser una sociedad que se preocupa por aquellos que están envejeciendo y están enfermos, a una sociedad que mata a aquellos cuyo sufrimiento ya no podemos tolerar.

Los líderes de nuestro gobierno nos dicen que el conceder el derecho a elegir una muerte prescrita por el médico es algo compasivo, que confortará a los ancianos y a las personas que enfrentan la enfermedad terminal y crónica.

Pero matar no es preocuparse por la persona. La verdadera compasión significa caminar con los que están sufriendo, compartiendo su dolor, ayudándoles a sobrellevar sus problemas. Amar al prójimo como a uno mismo no es un deber que cumplamos dándole a nuestro prójimo una dosis letal de pastillas.

El suicidio asistido manifiesta una falta de solidaridad y no hará sino aumentar el sentimiento de aislamiento y soledad que mucha gente experimenta ya en nuestra sociedad. Con esta nueva ley, estamos abandonando a nuestros prójimos más vulnerables y frágiles, calificándolos como “no dignos” de nuestros cuidados, atención, y como un “gasto excesivo” para nuestros limitados recursos sociales.

Esta nueva ley va a empeorar las desigualdades en nuestro sistema de salud. Los ancianos pobres de hecho ya tienen muchas menos opciones de tratamiento y mucho menos acceso a los cuidados paliativos y a los servicios prestados por los asilos para ancianos.

En un estado en el que millones de personas son obligadas a confiar en los cuidados subsidiados por el gobierno, ¿cómo imaginar que el gobierno continuará pagando durante meses y tal vez durante años por tratamientos costosos en lugar de prescribir más bien un barato frasco de píldoras para el suicidio?

Y ante el creciente número de personas de edad avanzada que sufren de Alzheimer y de otras formas de demencia, ¿cuánto tiempo pasará antes de que empecemos a escuchar peticiones de que se ofrezcan “opciones compasivas” para aquellos que ya no pueden elegir o hablar por sí mismos?

Este es el peligro de esta nueva ley: la muerte que algunos exigen para sí mismos hoy, puede llegar a ser una “elección” que muchos no podrán rechazar mañana.

La lógica del suicidio asistido conduce inevitablemente a que, esencialmente, sean los administradores del gobierno y los administradores corporativos quienes decidan qué vidas vale la pena salvar y cuidar, y cuáles otras sería mejor que murieran. Los criterios para estas decisiones siempre serán arbitrarios y el proceso implicado en ello siempre conllevará a que los fuertes y los poderosos decidan el destino de los débiles y menos influyentes dentro de la sociedad. Este es el comienzo de la tiranía.

Los californianos merecen y deben exigir algo mejor de nuestros legisladores. El hecho de darles a los médicos una licencia para matar no es liderazgo en cuanto a la atención médica.

El 9 de junio, cuando esta nueva ley entre en vigor, tendremos todavía los mismos problemas que actualmente hacen que en California la gente tenga miedo a envejecer o convertirse en enferma o discapacitada.

Contaremos todavía con un sistema de seguro médico que asigna precios que están fuera del alcance de la gente común a los medicamentos para el alivio del dolor, y que hace casi imposible para ellos poder recibir los cuidados paliativos y otros servicios que necesitan para vivir sus últimos días con dignidad.

El 9 de junio, los trabajadores de los hogares para ancianos todavía estarán sobrecargados de trabajo y mal pagados, y sus condiciones de trabajo harán que sea difícil para ellos proporcionar una atención médica de calidad con excelencia y compasión. Las facultades de medicina seguirán sin proporcionarles a los futuros médicos y profesionales de la salud una formación adecuada en los cuidados paliativos y en el tratamiento para el final de la vida.

Estos son los problemas reales que hacen que la perspectiva de una enfermedad terminal y la muerte alarme a personas en California. Hago un llamamiento a los líderes reflexivos en la legislatura y la profesión médica – ahora es el momento de unirnos y empezar a abordar estos temas de manera decisiva.

También hago un llamamiento a los médicos, enfermeras, administradores de salud, hospitales y centros de atención – esta nueva ley protege los derechos de la conciencia. No obliga su cooperación o participación.

La respuesta correcta a una ley injusta es la objeción de conciencia. Y ésta es una ley injusta.

Ayudar a los pacientes a que se suiciden niega a los pacientes su dignidad y disminuye la humanidad de quienes están a cargo de ellos. Los profesionales médicos están llamados a ser servidores de la vida, no los dispensadores de la muerte.

Todos nosotros en California necesitamos orar y trabajar para reconstruir una cultura de dignidad humana frente a esta ley injusta. Debemos proclamar y demostrar con nuestras acciones que toda vida humana es preciosa y sagrada, y es digna de nuestra atención y protección, desde la concepción hasta la muerte natural.

Una persona no deja de ser una persona, no pierde su dignidad o el derecho a la vida, sólo porque él o ella pierde ciertas capacidades físicas o mentales. De hecho, es cuando la persona es más vulnerable a la necesidad de nuestra compasión y amor.

Oremos por nuestro gran Estado de California al entrar en este nuevo momento.

Que Dios nos dé a todos el valor de hacer lo que es correcto. Y que nuestra Santa Madre María nos ayude a ver que todo el mundo es un hijo de Dios y que todos somos hermanos y hermanas llamados a amarnos y a cuidarnos unos a los otros.