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[TEXTO COMPLETO] Homilía del Papa Francisco en la Santa Misa de Pentecostés

El Papa Francisco en la Misa de Pentecostés. Foto: Daniel Ibáñez / ACI PRensa

VATICANO, 15 May. 16 / 04:34 am (ACI).- En la Basílica de San Pedro del Vaticano, el Papa Francisco presidió la Santa Misa de la Fiesta de Pentecostés, en la que -50 días después de Pascua- se celebra el envío del Espíritu Santo.

En su homilía, el Pontífice habló recordó que todo hombre es hijo de Dios, y dijo: “El Espíritu es dado por el Padre y nos conduce al Padre. Toda la obra de la salvación es una obra que regenera, en la cual la paternidad de Dios, mediante el don del Hijo y del Espíritu, nos libra de la orfandad en la que hemos caído”.

A continuación, la homilía completa del Papa:
La misión de Jesús, culminada con el don del Espíritu Santo, tenía esta finalidad esencial: restablecer nuestra relación con el Padre, destruida por el pecado; apartarnos de la condición de huérfanos y restituirnos a la de hijos.

El apóstol Pablo, escribiendo a los cristianos de Roma, dice: «Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios. Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: ¡Abba, Padre!» (Rm 8,14-15). He aquí la relación reestablecida: la paternidad de Dios se reaviva en nosotros a través de la obra redentora de Cristo y del don del Espíritu Santo.

El Espíritu es dado por el Padre y nos conduce al Padre. Toda la obra de la salvación es una obra que regenera, en la cual la paternidad de Dios, mediante el don del Hijo y del Espíritu, nos libra de la orfandad en la que hemos caído. También en nuestro tiempo se constatan diferentes signos de nuestra condición de huérfanos: Esa soledad interior que percibimos incluso en medio de la muchedumbre, y que a veces puede llegar a ser tristeza existencial; esa supuesta independencia de Dios, que se ve acompañada por una cierta nostalgia de su cercanía; ese difuso analfabetismo espiritual por el que nos sentimos incapaces de rezar; esa dificultad para experimentar verdadera y realmente la vida eterna, como plenitud de comunión que germina aquí y que florece después de la muerte; esa dificultad para reconocer al otro como hermano, en cuanto hijo del mismo Padre; y así otros signos semejantes.

A todo esto se opone la condición de hijos, que es nuestra vocación originaria, aquello para lo que estamos hechos, nuestro «ADN» más profundo que, sin embargo, fue destruido y se necesitó el sacrificio del Hijo Unigénito para que fuese restablecido. Del inmenso don de amor, como la muerte de Jesús en la cruz, ha brotado para toda la humanidad la efusión del Espíritu Santo, como una inmensa cascada de gracia. Quien se sumerge con fe en este misterio de regeneración renace a la plenitud de la vida filial.

«No os dejaré huérfanos». Hoy, fiesta de Pentecostés, estas palabras de Jesús nos hacen pensar también en la presencia maternal de María en el cenáculo. La Madre de Jesús está en medio de la comunidad de los discípulos, reunida en oración: es memoria viva del Hijo e invocación viva del Espíritu Santo. Es la Madre de la Iglesia. A su intercesión confiamos de manera particular a todos los cristianos, a las familias y las comunidades, que en este momento tienen más necesidad de la fuerza del Espíritu Paráclito, Defensor y Consolador, Espíritu de verdad, de libertad y de paz.

Como afirma también san Pablo, el Espíritu hace que nosotros pertenezcamos a Cristo: «El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo» (Rm 8,9). Y para consolidar nuestra relación de pertenencia al Señor Jesús, el Espíritu nos hace entrar en una nueva dinámica de fraternidad. Por medio del Hermano universal, Jesús, podemos relacionarnos con los demás de un modo nuevo, no como huérfanos, sino como hijos del mismo Padre bueno y misericordioso. Y esto hace que todo cambie.

Podemos mirarnos como hermanos, y nuestras diferencias harán que se multiplique la alegría y la admiración de pertenecer a esta única paternidad y fraternidad.

VIDEO: Los Papas que peregrinaron a Fátima

REDACCIÓN CENTRAL, 13 May. 16 / 10:47 am (ACI).- De los nueve Pontífices que ha tenido la Iglesia desde la aparición de la Virgen de Fátima en 1917, tres llegaron al Santuario mariano en Portugal, la tierra donde la Madre de Dios habló a los tres pastorcitos. El Papa Francisco será el cuarto en peregrinar a ese importante lugar cuando vaya en 2017, en el centenario de las apariciones.

El primero fue el Beato Pablo VI el 13 de mayo de 1967, fecha en el que el mundo celebraba el 50 aniversario de la primera aparición de la Virgen de Fátima. “Queremos pedir a María una Iglesia viva, una Iglesia verdadera, una iglesia unida, una Iglesia santa”, dijo el Beato durante su homilía ante miles de fieles.

El segundo fue San Juan Pablo II quien el 13 de mayo de 1982, al cumplirse el primer aniversario del atentado que sufrió en la Plaza San Pedro, visitó Fátima para agradecer a la Virgen por haberlo protegido.

Retornó al Santuario de Fátima en 1991 como agradecimiento por los 10 años de haber sido “salvado” por la “mano materna” de María durante el atentado y más adelante, en el Jubileo del año 2000, volvió para beatificar a los videntes de Fátima, Francisco y Jacinta Marto.

“El mensaje de Fátima es una llamada a la conversión, alertando a la humanidad para que no siga el juego del ‘dragón’… La meta última del hombre es el cielo, su verdadera casa, donde el Padre celestial, con su amor misericordioso, espera a todos”, señaló el Papa peregrino en aquella ocasión que contó con la presencia de Sor Lucía, la tercera vidente.

Al conmemorarse los 10 años de la beatificación de los pastorcitos, elPapa Benedicto XVI también peregrinó al Santuario de Fátima y el 13 de mayo de 2010 celebró una multitudinaria Misa. Allí el Pontífice advirtió que “se equivoca quien piensa que la misión profética de Fátima está acabada”.

“Nuestra Madre bendita ha venido desde el Cielo ofreciendo la posibilidad de sembrar en el corazón de todos los que se acogen a ella el Amor de Dios que arde en el suyo. Al principio fueron sólo tres, pero el ejemplo de sus vidas se ha difundido y multiplicado en numerosos grupos por toda la faz de la tierra”, destacó.

En este recuento de los Pontífices que llegaron a Fátima hay dos que no han sido incluidos porque peregrinaron al Santuario antes de ser elegidos para la Sede de Pedro.

El 13 de mayo de 1956, el entonces Cardenal Roncalli (luego Papa San Juan XXIII) presidió las ceremonias de la peregrinación por el aniversario de las apariciones. Mientras que el Cardenal Albino Luciani (después Juan Pablo I) estuvo en Fátima el 10 de julio de 1977.

¿San Juan Pablo II consagró a Rusia al Inmaculado Corazón de María?

Plaza Roja en Rusia y Juan Pablo II / pixin.net (CC-BY-SA-3.0) / Flickr Dennis Jarvis (CC-BY-SA-2.0)

REDACCIÓN CENTRAL, 11 May. 16 / 07:04 pm (ACI).- Después de leer la tercera parte del secreto de Fátima, San Juan Pablo II decidió viajar a Portugal el 13 de mayo de 1982 y consagrar no solo a Rusia, sino también a todo el mundo a su Inmaculado Corazón.

[Puede leer: Texto original del Tercer Secreto de Fátima. Explicación del Card. Ratzinger]

Este acto, sin embargo, no satisfizo la consagración solicitada por la Virgen María –pues también debían participar los obispos de todo el mundo-, y por lo tanto “el 25 de marzo de 1984 en la Plaza de San Pedro, recordando el mandato pronunciado por María, el Santo Padre en unión espiritual con los obispos del mundo, confió a todos los hombres y mujeres y a todos los pueblos al Inmaculado Corazón de María”. (Cardenal Tarcisio Bertone)

“Sor Lucía confirmó personalmente que este acto solemne y universal de consagración correspondía a los deseos de Nuestra Señora (‘Sí, desde el 25 de marzo de 1984’: carta del 8 de noviembre de 1989). Por tanto, toda discusión, así como otra petición ulterior, carecen de fundamento”. (Cardenal Tarcisio Bertone)

Fátima y la caída del comunismo ruso
El año 1917 fue agitado para Rusia. Además de combatir en la Primera Guerra Mundial, el país experimentó dos guerras civiles conocidas como la Revolución de Febrero y la Revolución de Octubre.

La primera condujo a la creación de un gobierno provisional que resultó inestable. Después, entre el 24 y 25 de octubre, a menos de dos semanas después de la última aparición de la Virgen de Fátima, la segunda revolución dio lugar a la creación de la Unión Soviética.

En los años siguientes Rusia amplió su esfera de influencia exportando su ideología comunista a varios países y martirizando a un gran número de cristianos.

Tras la consagración realizada en la Plaza de San Pedro en 1984, se derrumbó en primer lugar el bloque soviético en 1989 y luego la propia Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), a consecuencia de diversos factores sociales, políticos y económicos.

El mismo Papa San Juan Pablo señaló:

“¿Y qué diremos de los tres niños de Fátima que, de repente, en la víspera del estallido de la Revolución de Octubre escucharon: ‘Rusia se convertirá’ y ‘Al final, mi [Inmaculado] Corazón triunfará”? Ellos no pudieron inventar tales predicciones porque no sabían lo suficiente acerca de historia o geografía, y mucho menos de los movimientos sociales y la evolución ideológica y, sin embargo, sucedió tal como lo habían dicho”. (Cruzando el Umbral de la Esperanza, pg. 131)

Aunque no reveló la tercera parte del secreto hasta el año 2000, Seis años antes San Juan Pablo II hizo alusión a su contenido. Inmediatamente después meditó sobre la caída del comunismo en relacionándolo con Fátima y escribió:

“Tal vez este es el motivo por el que el Papa fue llamado de un ‘país lejano’, tal vez porque era necesario que el intento de asesinato se haga en la Plaza de San Pedro, precisamente el 13 de mayo de 1981, en el aniversario de la primera aparición en Fátima, de modo que todo podría ser más transparente y comprensible, para que la voz de Dios que habla en la historia humana a través de los ‘signos de los tiempos’ pueda ser más fácilmente audible y comprensible”. (Cruzando el Umbral de la Esperanza, pg. 131-132)

Para el año 2000, el Santo Padre se sintió capaz de revelar la parte final del secreto de Fátima, ya que “los acontecimientos a los que la tercera parte del ‘secreto’ de Fátima se refiere, parecen ahora, parte del pasado”. (Cardenal Ángel Sodano)

El Pontífice eligió la beatificación de Francisco y Jacinta el 13 de mayo de 2000, en Portugal, como ocasión para anunciar este hecho.

El Papa apoya la Marcha por la Vida en Lisboa

TENDRÁ LUGAR EL PRÓXIMO 14 DE MAYO

Mons. Angelo Becciu, ha enviado un mensaje de apoyo del papa Francisco a los organizadores de la «Marcha por la Vida» que tendrá lugar el próximo sábado 14 de mayo en Lisboa.

(SIC) En el documento, el Pontífice subraya la importancia de «inspirar a los individuos, a las familias y a la sociedad portuguesa en la búsqueda del bien común, radicado en la armonía, en la justicia y en el respeto de los derechos de la persona humana, desde la concepción hasta la muerte natural».

El Papa Francisco recuerda lo que ha escrito en la Exhortación Apostólica «Amoris laetitia» sobre el amor en la familia:

«Una mirada atenta a la vida cotidiana de los hombres y mujeres de hoy muestra inmediatamente la necesidad que hay por todos lados de una robusta inyección de espíritu familiar. No sólo la organización de la vida común se topa cada vez más con una burocracia del todo extraña a las uniones humanas fundamentales, sino, incluso, las costumbres sociales y políticas muestran a menudo signos de degradación» (n. 183)

Organizada por la Federación portuguesa para la vida, la Marcha ha llegado a su sexta edición y se desarrollará sobre todo en Lisboa, a partir de las 15.00 horas. El lema de este año es: «Caminamos siempre por la vida».

La iniciativa adquiere un valor particular, considerando el debate en curso en el país acerca de la posibilidad o no de legalizar la eutanasia. Los promotores esperan que la Marcha sea «un claro testimonio público en defensa de la vida en todas la fases de su desarrollo».

VIDEO: El conmovedor momento en que una niña invidente conoce al Papa Francisco

VATICANO, 05 May. 16 / 11:08 am (ACI).- Ni los miembros del equipo de seguridad del Vaticano pudieron evitar las lágrimas. Ayer, antes de presidir la Audiencia General de los Miércoles, el Papa Francisco detuvo el papamóvil para saludar a una niña invidente y el momento conmovió a todos.

La menor fue llevada en brazos hasta el Pontífice y pudo tocar el rostro del Papa para conocerlo.

El breve pero intenso momento fue capturado por las cámaras del Centro Televisivo Vaticano y el fotógrafo Daniel Ibáñez de ACI Prensa. Las caricias de la niña conmovieron al Pontífice.

En su catequesis de ayer, el Papa reflexionó sobre la parábola del Buen Pastor.

“Dios no conoce nuestra actual cultura del descarte, en Dios esto no cabe. Dios no descarta a ninguna persona; Dios ama a todos, busca a todos… ¡Todos! Uno por uno. Él no conoce esta palabra ‘descartar a la gente’, porque es todo amor y toda misericordia”, aseguró el Papa desde la Plaza de San Pedro.

Los testimonios que conmovieron al Papa en la vigilia de las lágrimas

VATICANO, 05 May. 16 / 01:15 pm (ACI).- Esta tarde en la Basílica de San Pedro el Papa Francisco presidió la Vigilia de oración “para enjugar las lágrimas” en el que escuchó varios intensos testimonios que lo conmovieron.

El primer testimonio fue el de una familia italiana de Salerno compuesta por Giovanna, de 48 años, casada con Domenico desde 1995. Tienen dos hijos Rafaele y Chiara. Hace un tiempo y cuando tenía solo 15 años, el mayor de los tres, Antonio, se suicidó.
Giovanna compartió el sufrimiento que esto le produjo: “Antonio también me puso en su tumba a mí, mi vida, mi mente, mi alma. En ese terrible momento solo tenía el amor de Dios… mi existencia. Él secó todas mis lágrimas y me dio fuerza. Este amor hizo que no me destruyera”.

Rafaele, que tenía 9 años cuando ocurrió la tragedia, dijo que en ese momento “me sentí perdido, abandonado. Tenía mucha ira, sobre todo contra Dios porque no podía encontrar una razón para el suicidio de mi hermano”. Luego se alejó de la Iglesia pero poco a poco volvió a la fe con la ayuda de sus padres.

Por su parte el padre, Domenico, recordó que el día del funeral de Antonio “me sentía aniquilado, confundido…. ¿En qué fallé? Como padre, como esposo, como cristiano me sentía nada”.
Un día en una iglesia, continuó, alguien que pasó por la misma experiencia con una hija lo abrazó. “En ese momento sentí verdaderamente que ese abrazo venía del cielo, que era el consuelo de Dios para que yo renovara mi confianza en la presencia de Dios, para abrazarme a su misericordia”, relató.

El segundo testimonio fue el del pakistaní Kaizer Felix, quien se presentó acompañado de su familia. Cuando cubría la realidad de la minoría católica, fue víctima “de la violencia brutal y la persecución que promueve la ley de blasfemia”.

La ley de Blasfemia en Pakistán agrupa varias normas contenidas en el Código Penal inspiradas directamente en la Shariah –ley religiosa musulmana– para sancionar cualquier ofensa de palabra u obra contra Alá, Mahoma o el Corán, incluso con la pena de muerte. La ley es usada con frecuencia para perseguir a la minoría cristiana.

Por su trabajo, Felix recibió un premio en 2007 y fue considerado “una amenaza para el Islam”. Cuando acudió a la policía nadie le hizo caso y finalmente tuvo que huir y se dirigió a Roma donde poco a poco van forjando su futuro.

El tercer testimonio fue el del italiano Maurizio Frattemico y su hermano gemelo Enzo, quienes lo “tenían todo” en una época: dinero, éxito, mujeres, aunque al final “me sentía vacío, sin sentido”.

Maurizio tuvo un intenso cuestionamiento sobre su vida en marzo de 2002 y agradeció a su madre que lloró mucho por él, como “Santa Mónica por San Agustín”. Tras esa experiencia en África se encontró días después con su hermano “que se veía muy alegre, distinto”.

Enzo le contó que todo era debido a Dios y lo abrazó. Maurizio comenta que “en ese abrazo sentí el amor que nunca me juzgó ni me condenó”.
Luego de cada testimonio se encendió una vela ante el relicario de la Virgen de las Lágrimas de Siracusa, expuesto en esta ocasión para la veneración de los fieles en la Basílica de San Pedro.

El Papa entregó luego a diez personas el Agnus Dei (antiguo objeto de devoción usado en los años jubilares desde 1470), como símbolo de consuelo y esperanza, bendecido por él mismo. De forma oval y cera blanca, este objeto tiene grabada la imagen del Cordero Pascual en un lado, y del otro lado el logo del Jubileo de la Misericordia.

Entre las personas que lo recibieron están una que ha perdido un hijo en un accidente de tráfico, otra que perdió un familiar en el trabajo, otra que perdió a sus familiares en el genocidio en Ruanda y otra que estuvo encarcelada.

Contribuyó en este artículo Elise Harris, correponsal de CNA en Roma.

Hoy la Iglesia celebra a Santo Domingo Savio, Patrono de las embarazadas

REDACCIÓN CENTRAL, 06 May. 16 / 12:05 am (ACI).- “¡Quiero ser santo!”, solía decir Santo Domingo Savio, patrono de los niños cantores y también de las embarazadas por haber cumplido en su vida una misión de la Virgen María, mientras era guiado por San Juan Bosco.

Domingo Savio nació Italia en 1842. Desde muy pequeño deseó ser sacerdote y al conocer a Don Bosco le pide ingresar al Oratorio de San Francisco de Sales en Turín.

Allí organizó la Compañía de María Inmaculada y con sus compañeros frecuentaba los sacramentos, rezaba el Rosario, ayudaba en los quehaceres y cuidaba a los niños difíciles. Además tenía un espíritu muy alegre, le gustaba jugar y estudiar.

San Juan Bosco escribió una biografía del joven santo y lloraba cada vez que la leía. En ella contaba que varias ocasiones vio a Domingo como arrobado después de recibir la Comunión hasta que cierto día, Don Bosco lo encontró en el coro del templo.
“Voy a ver –cuenta Don Bosco– y hallo a Domingo que hablaba y luego callaba, como si diese lugar a contestación; entre otras cosas entendí claramente estas palabras: ‘Sí, Dios mío, os lo he dicho y os lo vuelvo a repetir: os amo y quiero seguir amándoos hasta la muerte. Si veis que he de ofendemos, mandadme la muerte; sí, antes morir que pecar’”.

Cuando Don Bosco le preguntó qué hacía en esos momentos, Domingo le contestó: “es que a veces me asaltan tales distracciones que me hacen perder el hilo de mi oración, y me parece ver cosas tan bellas que se me pasan las horas en un instante”.

Video#5 de intenciones de oración: El Papa defiende dignidad de la mujer

VATICANO, 03 May. 16 / 11:33 am (ACI).- La Santa Sede publicó este martes el quinto video de 2016 sobre las intenciones de oración del Papa Francisco para el mes de mayo, centradas en la defensa de la dignidad de las mujeres y su aporte a la sociedad, empezando por la familia.

“Es innegable el aporte de la mujer en todas las áreas del quehacer humano, empezando por la familia. Pero con sólo reconocerlo… ¿Es suficiente?”, cuestiona el Santo Padre en el video producido por la Red Mundial de Oración del Papa.
Francisco señala que “hemos hecho muy poco por las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, despreciadas, marginadas, e incluso reducidas a esclavitud”.

“Debemos condenar –exhorta– la violencia sexual que sufren las mujeres y eliminar los obstáculos que impiden su plena inserción en la vida social, política y económica”.

“Si pensás que esto es justo, manifestá esta petición conmigo. Es una oración: para que en todos los países del mundo las mujeres sean honradas y respetadas y sea valorizado su imprescindible aporte social”, concluye el Pontífice.

Hoy se celebra a San Pedro Chanel, Mártir y patrono de Oceanía

Hoy se celebra a San Pedro Chanel, Mártir y patrono de OceaníaREDACCIÓN CENTRAL, 28 Abr. 16 / 06:02 am (ACI).- El 28 de abril la Iglesia celebra al sacerdote San Pedro Chanel, primer mártir y patrón de Oceanía, el cual consiguió muchas conversiones de nativos, provocando su martirio.

Pierre-Louis-Marie Chanel nació en Francia en 1803 en una familia campesina. Recibió el orden sacerdotal a los 24 años y fue enviado a la parroquia de Crozet que estaba en decadencia y que con su llegada empezó a reavivarse.

Más adelante, ingresó a los maristas y con el tiempo se fue a las misiones. En la isla Futuna en Oceanía se encontró con un territorio dividido entre dos tribus y donde el canibalismo recientemente se había prohibido.
A pesar de las dificultades, San Pedro Chanel logró convertir a muchos, mientras aprendía el idioma, enseñaba y cuidaba de los enfermos.

El jefe de la tribu musumusu se pudo celoso de la influencia misionera del santo que había logrado convertir incluso a miembros de su familia.

Por lo que mandó a unos sicarios para que lo asesinaran. Se ensañaron tanto con San Pedro Chanel, que su cuerpo fue descuartizado con hachas. Murió mártir un 28 de abril de 1841.

Papa Francisco: «Ignorar el sufrimiento del hombre es ignorar a Dios»

CATEQUESIS SOBRE LA PARÁBOLA DEL BUEN SAMARITANO

La parábola del buen samaritano ha sido el centro de la catequesis del papa Francisco en la última audiencia general de este mes de abril. El Santo Padre ha asegurado que ignorar el sufrimiento del prójimo es ignorar a Dios.

(Radio Vaticano) Texto de la catequesis del papa Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy reflexionamos sobre la parábola del buen samaritano (Cfr. Lc 10,25-37). Un doctor de la Ley pone a prueba a Jesús con esta pregunta: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?» (v. 25). Jesús le pide dar a él mismo la respuesta, y él lo da perfectamente: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo» (v. 27). Jesús entonces concluye: «obra así y alcanzarás la vida» (v. 28).

Entonces aquel hombre hace otra pregunta, que se hace muy preciosa para nosotros: «¿Y quién es mi prójimo?» (v. 29), y presupone: «¿mis parientes? ¿mis connacionales? ¿Aquellos de mi misma religión?…». En fin, quiere una regla clara que le permita clasificar a los demás en «prójimo» y «no prójimo», en aquellos que pueden convertirse en prójimos y en aquellos que no pueden hacerse prójimos.

Y Jesús responde con una parábola, que pone en escena a un sacerdote, un levita y un samaritano. Los dos primeros son figuras relacionadas con el culto del templo; el tercero es un judío cismático, considerado como un extranjero, pagano e impuro, es decir el samaritano. En el camino de Jerusalén a Jericó el sacerdote y el levita se encuentran con un hombre moribundo, que los ladrones han asaltado, robado y abandonado. La Ley del Señor en situaciones símiles preveía la obligación de socorrerlo, pero ambos pasan de largo sin detenerse. Tenían prisa. El sacerdote, tal vez, ha mirado el reloj y ha dicho: «pero, llegare tarde a la Misa… Debo decir la Misa». Y el otro ha dicho: «pero, no sé si la Ley me lo permite, porque hay sangre ahí y quedare impuro…». Van por otro camino y no se acercan. Y aquí la parábola nos ofrece una primera enseñanza: no es automático que quien frecuenta la casa de Dios y conoce su misericordia sepa amar al prójimo. ¡No es automático! Tú puedes conocer toda la Biblia, tú puedes conocer todas las normas litúrgicas, tú puedes conocer toda la teología, pero del conocer no es automático el amar: el amar tiene otro camino, el amor tiene otro camino. Con inteligencia, pero con algo más… El sacerdote y el levita ven, pero ignoran; miran, pero no proveen. Ni siquiera existe un verdadero culto si ello no se traduce en servicio al prójimo. No lo olvidemos jamás: ante el sufrimiento de tanta gente agotada por el hambre, por la violencia y la injusticia, no podemos permanecer como espectadores. ¡Ignorar el sufrimiento del hombre, ¿qué cosa significa? ¡Significa ignorar a Dios! Si yo no me acerco a aquel hombre, a aquella mujer, a aquel niño, a aquel anciano o aquella anciana que sufre, no me acerco a Dios.

Pero, vayamos al centro de la parábola: el samaritano, es decir, aquel despreciado, aquel sobre quien nadie habría apostado nada, y que de todos modos también él tenía sus deberes y sus cosas por hacer, cuando vio al hombre herido, no pasó de largo como los otros dos, que estaban relacionados con el Templo, sino «lo vio y se conmovió» (v.33). Así dice el Evangelio: «Tuvo compasión», es decir, ¡el corazón, las vísceras, se han conmovido! Esta ahí la diferencia. Los otros dos «vieron», pero sus corazones permanecieron cerrados, fríos. En cambio, el corazón del samaritano era sintonizado con el corazón de Dios. De hecho, la «compasión» es una característica esencial de la misericordia de Dios. Dios tiene compasión de nosotros. ¿Qué cosa quiere decir? Sufre con nosotros, nuestros sufrimientos Él lo siente. Compasión: «compartir con». El verbo indica que las vísceras se mueven y tiemblan a la vista del mal del hombre. Y en los gestos y en las acciones del buen samaritano reconocemos el actuar misericordioso de Dios en toda la historia de la salvación. Es la misma compasión con la cual el Señor viene a encontrar a cada uno de nosotros: Él no nos ignora, conoce nuestros dolores, sabe cuánta necesidad tenemos de ayuda y consolación. Esta cerca y no nos abandona jamás. Pero podemos, cada uno de nosotros, hacernos la pregunta y responder en el corazón: «¿Yo lo creo? ¿Yo creo que el Señor tiene compasión de mí, así como soy, pecador, con tantos problemas y tantas cosas?». Pensar en esto y la respuesta es: «¡Sí!». Pero, cada uno debe mirar en el corazón si tiene la fe en esta compasión de Dios, de Dios bueno que se acerca, nos cura, nos acaricia. Y si nosotros lo rechazamos, Él espera: ¡es paciente! Siempre junto a nosotros.

El samaritano se comporta con verdadera misericordia: venda las heridas de aquel hombre, lo lleva a un albergue, lo cuida personalmente, provee a su asistencia. Todo esto nos enseña quela compasión, el amor, no es un sentimiento vago, sino significa cuidar al otro hasta pagar personalmente. Significa comprometerse cumpliendo todos los pasos necesarios para «acercarse» al otro hasta identificarse con él: «amaras a tu prójimo como a ti mismo». Este es el mandamiento del Señor.

Concluida la parábola, Jesús devuelve la pregunta al doctor de la Ley y le pide: «¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?» (v. 36). La respuesta es finalmente inequivocable: «El que tuvo compasión de él» (v. 37). Al inicio de la parábola para el sacerdote y el levita el prójimo era el moribundo; al final el prójimo es el samaritano que se ha hecho cercano. Jesús cambia la prospectiva: no clasificar a los demás para ver quién es el prójimo y quién no lo es. Tú puedes hacerte prójimo de quien se encuentra en la necesidad, y lo serás si en tu corazón tienes compasión, es decir, tienes esa capacidad de sufrir con el otro.

¡Esta parábola es un estupendo regalo para todos nosotros, y también un compromiso! A cada uno de nosotros Jesús repite lo que le dijo al doctor de la Ley: «Ve, y procede tú de la misma manera» (v. 37). Estamos todos llamados a recorrer el mismo camino del buen samaritano, que es la figura de Cristo: Jesús se inclinó hacia nosotros, se ha hecho nuestro siervo, y así nos ha salvado, para que también nosotros podamos amarnos como Él nos ha amado, del mismo modo. ¡Gracias!